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Del 16 al 22 de julio de 2018     

BLOGS > Desde la Orilla

Desde su falta de asunción de responsabilidades, el Partido Popular se está dedicando al reparto de legitimidades, tanto por sus voceros habituales como, y muy especialmente, por boca de su aún Presidente del partido y ahora y, parece que para siempre, Expresidente del Gobierno de la Nación. Naturalmente, Don M. Rajoy ha sido legitimado por los españoles, mientras que Pedro Sánchez es un advenedizo encumbrado por la escoria del Parlamento Nacional.

Antes de saber todo lo que hoy sé de Joaquín Torra, conociendo sólo su acendrado independentismo y visceralidad, me vino a la mente la figura de Kim Jong-un, con lo que ya digo bastante.

Hoy, tras leer a Javier Cercas, además me he empezado a preocupar mucho. Lo primero que he hecho ha sido acudir al espejo. Me he observado más que cuando me estoy afeitando. He visto mi tez más bien paliducha, blanquecina, mi pelo liso, pero liso, liso y mi mandíbula… ahí me he quedado sin ideas, porque no noto muy bien si es muy prominente, poco, bastante, o escasamente. Con lo que, parece que no soy muy español, quizás un poco catalán, no tengo la piel oscura ni el pelo rizado, pero la mandíbula ¡Ay! Esta mandíbula indefinida entre catalana, española y quizás afroamericana, no me va a dejar dormir durante unas cuantas noches.

Hace ya mucho, pero mucho tiempo, leí “La barraca” y “Cañas y barro”, de Blasco Ibáñez. Son novelas costumbristas, dramáticas. En mi lejano recuerdo, muy dramáticas. Las tramas se desarrollan en la albufera de Valencia, entre las cañas y el barro que allí abundan. Entre estos materiales los protagonistas malviven de la pesca de la anguila y de la siembra del arroz. Con ellos fabrican sus cabañas, de barro y cañas, y bajo ellos conciben a sus hijos, más por robarse el calor que por el amor que puedan profesarse. Las obras están escritas en 1898 y 1902; hace más de 100 años.

Hubo un antes y un después. Antes del 8M las posturas de los partidos de la derecha eran diametralmente opuestas a la huelga, los paros y las manifestaciones que se preparaban. Después, incluso un par de días antes, cuando se veía venir que la cosa iba creciendo de manera exponencial, comenzaron a virar en redondo.
Parece ser que, nuestro ínclito Presidente de Gobierno, estuvo unos días dándole vueltas a la cabeza meditando a quien proponía para una vicepresidencia del Banco Central Europeo que queda vacante en breve. Y piensa que pensarás, entre todos los y las economistas de nuestro país el único que le dio la talla para tan delicada misión, fue su Vicepresidente económico Sr. de Guidos.

Parece ser, según el CIS de enero que, si a principios de ese mes hubiera habido elecciones, Ciudadanos las habría ganado. A la vez, la deriva enloquecida de los herederos de CIU, con su Puigdemont al frente, sigue al pie de la letra todo lo que puede llevar al peor escenario social, político y económico que se pueda imaginar en Cataluña.

Con ese asunto del independentismo de una parte de la sociedad catalana, parece que cerca de su mitad, ando yo un tanto perplejo. No porque quieran independizarse, ya que no sé muy bien si han optado por la solución a la tremenda, al comprobar que no hay manera de quitarse de encima al Partido Popular o lo hacen siguiendo un sentimiento atávico, heredado de aquellos ancestros suyos que tanta lata dieron a los reyes de Aragón durante toda la Edad Media.

Llevamos no sé cuánto tiempo ya con los ojos y los oídos fijos en cuanto acontece en Cataluña. Nuestros sentidos, sólo atienden a los estímulos que de allí proceden. De tal manera, que otros sucesos, otras necesidades, otros problemas, si no han quedado en el refrigerador, que los hay, han pasado a un muy secundario lugar para nuestra atención. Y esto es muy malo.

La lucha en la que, sin apenas darnos cuenta, estamos implicados los que no somos catalanes y plenamente conscientes los que sí lo son, tengo la sensación de que está planteada en términos del Bien contra el Mal: de maniqueísmo en su esencia más pura. Creo que abordar de esa manera tan simplista un asunto de esa envergadura sólo ha conseguido enconarlo y que cada quien se envuelva en “su” bandera en vez de buscar una bandera común que pueda abarcar a todos.

Todo ese lío al que asistimos boquiabiertos, no sé si muchos o pocos ciudadanos españoles, los independentistas catalanes pasándose por el arco del triunfo tantas leyes nacionales y suyas estatutarias que van a estar despatarrados durante meses del escozor y Gobierno, Constitucional, Fiscalía General y Tribunal Superior de Justicia de Cataluña anulando leyes y persiguiendo a presuntos infractores, tiene un origen que conviene en estos momentos recordar.

Aunque esta columna se ha publicado en septiembre, no puedo por menos que hacer una reflexión sobre estos dos acontecimientos que han ocurrido en nuestro país con apenas 4 días del calendario ordinario de distancia: los que van del 2 al 6 de julio, día este último del “chupinazo”. El tiempo justo, para aquellos que hayan asistido a ambas, que los habrá, de recuperarse de los excesos cometidos, si así hubiera sido.

La aún fresca noticia de la caída del Banco Popular, hasta el punto de su adquisición por el Santander por un simbólico euro, ha dejado más patente si cabe la nula utilidad de los sistemas de control que pagamos los contribuyentes, como tantos otros organismos que, incluso, han venido utilizándose para un fin contrario a aquél para el que fueron creados.

“Hay un hecho que, para bien o para mal, es el importante en la vida pública europea de la hora presente. Este hecho es el advenimiento de las masas al pleno poderío social. Como las masas, por definición, no deben ni pueden dirigir su propia existencia, y menos regentar la sociedad, quiere decirse que Europa sufre ahora las más grave crisis que a pueblos, naciones, cultura, cabe padecer”, La Rebelión de las Masas, Ortega y Gasset, 1929. (El pensamiento de Ortega inspiró a Ramiro Ledesma Ramos, discípulo suyo y a José Antonio Primo de Rivera, fundadores del movimiento nacionalsindicalista y de Falange Española, respectivamente).

Es creencia generalizada que la gestión privada, en general, es más eficiente que la gestión pública. “El ojo del amo engorda al caballo” decía mi padre, para afirmar que los negocios no deben dejarse al control de terceros. A lo público, que parece no ser de nadie, cuando es exactamente lo contrario al ser de todos, parece acontecerle lo que mi progenitor repudiaba.

De que los altos estamentos de nuestra sociedad están podridos hasta la médula, no creo que quepa la menor duda, máxime tras los últimos acontecimientos judiciales, sentencias, cambios de fiscales picajosos, declaraciones de implicados y testigos y todo ese exponente de la basura con la que estamos obligados a convivir.

Paseo del Retiro, una fría mañana de febrero. Veo a un profesor con docena y media de niños. Los va llevando hacia diferentes especies de árboles y arbustos. Ante cada uno de ellos, hace una explicación básica, especie, si es o no caducifolio y poco más. Una vez hechas las presentaciones, les dice: “Ahora vamos a jugar un rato. Yo diré el nombre de uno de ellos y vosotros tenéis que ir y quedaros junto a él. Luego nombraré otro y haréis lo mismo”.

Recientemente, el Tribunal Constitucional ha dictado jurisprudencia limitando la libertad de expresión de los militantes de los partidos políticos, al considerar que les deben FIDELIDAD, dado que participan en ellos libremente.

En discusiones que leo en las redes sociales entre militantes socialistas (en alguna de ellas he intervenido), encuentro frases que me hacen reflexionar. Dicen cosas como: “No creéis en el PSOE” (refiriéndose a los llamados “críticos”) o “A mí nadie me da lecciones de socialismo”.

Andan revueltos algunos gallineros, por el lado derecho del poblado, con motivo de una afirmación poco afortunada de un director de cine con visión simultánea a ambos lados del horizonte. Dijo algo así como: “No me he sentido español ni cinco minutos en mi vida”. Parece que la frase había quedado en situación de espera del momento oportuno para tocar los testículos con ella; este mes de noviembre llegó su hora.

No sabía cómo titular esta columna. Dudaba entre el que finalmente he usado, que lo es de una novela que ganó un Pulitzer, escrita por John Kennedy Toole, o “Tú también hijo mío (Tibi quoque fili mio)”, frase atribuida a César cuando ve a Bruto entre sus asesinos en la reunión del senado donde murió acuchillado.

Parece que todo el mundo está de acuerdo en que el PSOE está en una encrucijada de difícil salida, sin dejar muchos jirones en el camino; sin embargo, yo opino que la que está en esa situación es la sociedad española en su conjunto, lo que refuerza el criterio, ampliamente compartido dentro del Partido Socialista de “ser un reflejo del conjunto de la sociedad en la que se ubica”.

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