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Del 11 al 17 de noviembre 2019    

BLOGS > Desde la Orilla

Escribo esta columna a media mañana de un día a mitad de octubre, lo que hace muy probable que los acontecimientos la dejen obsoleta diez minutos después de que la envíe a redacción, pero si quiero que entre en noviembre así tiene que ser.

Durante todo este largo y cálido verano, las redes sociales han echado el humo que corresponde a la importancia de lo que se estaba cocinando entre las altas esferas de los partidos políticos y las coaliciones electorales.

Los más activos, con absoluta seguridad, han sido los de Podemos, Unidas Podemos, por ese orden, seguidos de los del PSOE, a prudente distancia y frecuentemente para responder a provocaciones.

Aunque pueda parecer que, en esos días e incluso semanas, en los que el calor agobiante apenas nos deja pensar en otra cosa que no sean cervezas frías, piscinas, montañas o playas solitarias, nuestras conversaciones van a discurrir por lugares tan comunes y transitados como: ¿A dónde vas tú Pablo Iglesias con la que te está cayendo? O, alternativamente, ¿tendrá cuajo Pedro Sánchez para llegar al mismísimo borde del abismo electoral?, resulta que no, que aún podemos hablar de cosas menos aburridas, repetitivas y estresantes.

El refranero español está repleto de dichos populares para con pocas palabras definir lo que aquí ha pasado y pasará; quizás el que mejor lo expresa sea aquel que dice: “La cabra, tira al monte”.

Que PP pactaría encantado con VOX, lo cantaban por la mañana los mirlos por nuestros jardines. VOX no es sino un retoño suyo, alimentado su fundador a base de buen dinero público por Esperanza Aguirre, a través de fundaciones u ONG cuya actividad, al parecer, se reducía a pagar 50 ó 60 mil euros al hoy diputado nacional Abascal.

Sé que no soy el único que tiene la sensación de vivir rodeado de una campaña electoral permanente. Desde la irrupción de las nuevas formaciones políticas con capacidad, siquiera teórica, de gobernar, junto a la proliferación de la telefonía móvil, que permite la multiplicación de los mensajes y su amplia difusión, esto es un sinvivir, un no parar.

Hace unos días, durante un discurso en el parlamento europeo, Javier Ortega Smith espetó a las parlamentarias presentes en el semicírculo: “Si no fuera por Las Navas de Tolosa y Lepanto ustedes ahora vestirían burka”. Tras esa tan rotunda afirmación se fue tan satisfecho y campante, al parecer.

Al leerlo, pensé: y si los turcos no hubieran cercado y asediado Viena, hoy no disfrutaríamos de esos deliciosos bollos con forma de media luna, los croissants, con los que los pasteleros vieneses celebraron que se tuvieran que largar derrotados por los lansquenetes alemanes, los arcabuceros españoles y sobre todo por las intensas lluvias que les imposibilitaron maniobrar.

Uno después del Día de Los Enamorados, Pedro Sánchez convocó elecciones generales para el 28 de abril del año en curso. Ocho meses después de haber evacuado de la Moncloa al Partido Popular por su demostrada corrupción económica, “El milagro económico de Vds. está en la cárcel” había dicho muy acertadamente la Ministra de Hacienda a la bancada popular el 13 de febrero, durante el debate de Presupuestos Generales del Estado, cuya devolución al Gobierno había provocado el adelanto electoral.

El sistema democrático arrastra el estigma de ser el mejor, “dentro de lo que cabe”. Verdad donde las haya, debido a diversas causas, no siendo la menor, una proveniente de las juventudes de las organizaciones políticas.

Estas, que son absolutamente necesarias como cantera de los partidos que las promueven y sostienen, llevan en sí mismas, en algunos casos, la semilla de futuros fracasos, más o menos sonados, en función de lo alta que sea la caída.

La aparición en las elecciones andaluzas de VOX con representación parlamentaria ha causado un cierto terremoto en el conjunto del estado, aunque en mi opinión es más el síntoma que la enfermedad.

Ahí van los datos. Resultados reales en porcentajes, Abstención 41’35; PSOE 16’03; PP 11’90; Cs 10’48; AA 9’28; VOX 6’30; NULOS 1’29; BLANCOS 3’37. Si a la abstención le sumamos los nulos y los blancos tenemos un 46’01% que ha dicho un “a la mierda” grande como una casa. Si los escaños se repartieran en función de esos resultados quedarían vacíos prácticamente todos ellos y en la parte de atrás de las bancadas cuatro gatos y un ratón.

A primeros de noviembre pasado, un individuo se lanzó a buscar, vía WhatsApp, colegas para atentar contra la vida de un Presidente del Gobierno de España. Lo hizo dentro de un grupo con el que compartía ideología, a deducir del hecho de que quien lo denunció era militante del partido de extrema derecha VOX. El personaje, varón de 61 años, con un arsenal en su domicilio, parece ser que entraría dentro del prototipo de lo que popularmente se conoce como Facha. No fascista, pues para merecer esta denominación necesitaría una cierta formación ideológica bastante más allá de un desaforado amor por los símbolos denominados “patrios”: bandera, arriba España, Franco, etc.

Hace unos días, tuve ocasión de leer un informe de un dossier anti independentista que circula por la Unión Europea. Es de lo más interesante y recomiendo su lectura a quien crea estar muy informado sobre nuestra España, pues tal vez se lleve una sorpresa muy gratificante.

Desde la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa, todo el espectro de la derecha nacional se ha rasgado las vestiduras, ha llorado lágrimas de amargura, ha perdido los papeles y, sobre todo, ha empezado a lanzar bulos como un desaforado. El espectáculo durante el verano hubiera sido sólo bochornoso si no hubiera llegado a ser hilarante, para finalmente aburrir.

En unos pocos años, los medios de comunicación han sufrido una evolución ciertamente asombrosa con el desarrollo ad infinitum de las redes sociales. Esto es hoy una obviedad, de tal magnitud que incluso se puede afirmar con seguridad que quien no interviene en ese nuevo mundo está viviendo en otra época.

Desde su falta de asunción de responsabilidades, el Partido Popular se está dedicando al reparto de legitimidades, tanto por sus voceros habituales como, y muy especialmente, por boca de su aún Presidente del partido y ahora y, parece que para siempre, Expresidente del Gobierno de la Nación. Naturalmente, Don M. Rajoy ha sido legitimado por los españoles, mientras que Pedro Sánchez es un advenedizo encumbrado por la escoria del Parlamento Nacional.

Antes de saber todo lo que hoy sé de Joaquín Torra, conociendo sólo su acendrado independentismo y visceralidad, me vino a la mente la figura de Kim Jong-un, con lo que ya digo bastante.

Hoy, tras leer a Javier Cercas, además me he empezado a preocupar mucho. Lo primero que he hecho ha sido acudir al espejo. Me he observado más que cuando me estoy afeitando. He visto mi tez más bien paliducha, blanquecina, mi pelo liso, pero liso, liso y mi mandíbula… ahí me he quedado sin ideas, porque no noto muy bien si es muy prominente, poco, bastante, o escasamente. Con lo que, parece que no soy muy español, quizás un poco catalán, no tengo la piel oscura ni el pelo rizado, pero la mandíbula ¡Ay! Esta mandíbula indefinida entre catalana, española y quizás afroamericana, no me va a dejar dormir durante unas cuantas noches.

Hace ya mucho, pero mucho tiempo, leí “La barraca” y “Cañas y barro”, de Blasco Ibáñez. Son novelas costumbristas, dramáticas. En mi lejano recuerdo, muy dramáticas. Las tramas se desarrollan en la albufera de Valencia, entre las cañas y el barro que allí abundan. Entre estos materiales los protagonistas malviven de la pesca de la anguila y de la siembra del arroz. Con ellos fabrican sus cabañas, de barro y cañas, y bajo ellos conciben a sus hijos, más por robarse el calor que por el amor que puedan profesarse. Las obras están escritas en 1898 y 1902; hace más de 100 años.

Hubo un antes y un después. Antes del 8M las posturas de los partidos de la derecha eran diametralmente opuestas a la huelga, los paros y las manifestaciones que se preparaban. Después, incluso un par de días antes, cuando se veía venir que la cosa iba creciendo de manera exponencial, comenzaron a virar en redondo.
Parece ser que, nuestro ínclito Presidente de Gobierno, estuvo unos días dándole vueltas a la cabeza meditando a quien proponía para una vicepresidencia del Banco Central Europeo que queda vacante en breve. Y piensa que pensarás, entre todos los y las economistas de nuestro país el único que le dio la talla para tan delicada misión, fue su Vicepresidente económico Sr. de Guidos.

Parece ser, según el CIS de enero que, si a principios de ese mes hubiera habido elecciones, Ciudadanos las habría ganado. A la vez, la deriva enloquecida de los herederos de CIU, con su Puigdemont al frente, sigue al pie de la letra todo lo que puede llevar al peor escenario social, político y económico que se pueda imaginar en Cataluña.

Con ese asunto del independentismo de una parte de la sociedad catalana, parece que cerca de su mitad, ando yo un tanto perplejo. No porque quieran independizarse, ya que no sé muy bien si han optado por la solución a la tremenda, al comprobar que no hay manera de quitarse de encima al Partido Popular o lo hacen siguiendo un sentimiento atávico, heredado de aquellos ancestros suyos que tanta lata dieron a los reyes de Aragón durante toda la Edad Media.

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