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Del 16 al 22 de septiembre 2019    

BLOGS > Habla el Mediador

De un somero análisis de toda la naturaleza, especialmente en todos los grupos de seres vivos, comenzando por las plantas, deducimos que siempre impera una aparente jerarquía. ¿Qué es la jerarquía? Aquel cierto orden de mayor a menor, de más fuerte a más débil, o de más resistente o adaptado que otro individuo de su especie.

En los grupos animales no humanos podemos decir que los simples administrados son más difíciles de encuadrar, porque casi todos los miembros de la manada tarde o temprano serán jerarquía, o puede que lleguen a ser élite. Pero en los grandes grupos de homínidos que hoy constituyen las culturas desarrolladas los que forman parte de la clase de los simples gobernados son muy fáciles de identificar: Lo constituye la gran cantidad de personas que jamás formarán parte de las élites o de la jerarquía de ese grupo social. Son los que tratarán de sobrevivir, siempre obedeciendo o dependiendo de alguien. Son los que solo sentirán que la vida es ante todo, una exigencia.

Al realizar un estudio riguroso de los animales de grupo, observamos en todos ellos que al lado del líder siempre existen varios machos o hembras –tal es el caso de las elefantas, las leonas- que sustentan al grupo y ejercen un liderazgo claro sobre los demás miembros. A estos individuos les llamamos élites. Con el desarrollo de los grandes grupos civilizatorios es fácil apreciar que son estas élites las que dan vida a dicha cultura. El Líder político o ideológico de ese grupo surge generalmente de entre estas élites. Estas le nombran y le sustentan.

En los animales de grupo que estudiamos –Elefantes, Caballos, Renos, y más aún los insectos- comprobamos que el liderazgo se realiza instintivamente con mecanismos de fuerza e imposición, y el lenguaje es todo él corporal, y lo ejercen con sus armas físicas. Así fue en los comienzos de los homínidos.
No logro entender el siguiente dilema: ¿Porqué cuando hablamos de medicina o Botánica nos inclinamos hacia abajo, sobre el tema a estudiar, y no perdemos detalle de lo que tenemos delante para entenderlo lo mejor posible, y cuando hablamos de organizar nuestra vida en común, o de la política de un estado, levantamos la mirada, casi siempre como extasiada, y miramos al cielo, o cuando menos al horizonte, como si fuese algo divino, o mágico, y no bajamos la vista para analizar al grupo social organizado (GSO) como haríamos con una pierna rota o para observar cuánta agua necesita una planta?.
Extraído de nuestro conocimiento indiscutible de que la Especie Humana es un animal de grupo –destetada la cría nunca vive individualmente si no siempre en grupos organizados-, sabemos que lo más importante para que ese grupo social organizado se desarrolle en las mejores condiciones posibles es que exista siempre, “El mejor y mayor Equilibrio Social posible”.
Propongo a los lectores -a los alumnos en su caso- un acto simbólico bastante explicativo: Les pido que se imaginen que están en un circo, y a través de una escalera interior consiguen subir hasta traspasar la lona y poder sacar la cabeza por encima de la carpa. Situados en esa visión podrán observar la cúpula desde arriba, como un todo, prescindiendo del espectáculo que allí se presenta.

Ahora que ya disponemos, entre otras, de esta herramienta eficaz para estudiar el mundo en el que vivimos, me refiero a la TGC y las leyes que rigen todo conflicto, apoyándonos en que estas nos demuestran cómo funcionan, o funcionamos, todas las voluntades en la naturaleza tanto individuales como colectivas, y, teniendo siempre presentes esas pautas naturales, debemos pasar a tomar nuestras decisiones aplicando esos conocimientos objetivos y, abandonando ya, de una vez por todas, las visiones y conjuras míticas. Debemos dejar de ser adolescentes.

Cuando ponemos en juego las distintas leyes del conflicto, o mejor expresado, cuando aplicamos estos conocimientos sobre esas constantes, que es a lo que llamamos leyes, porque sabemos que siempre se comportarán así, ellas nos facilitan analizar y explicar cualquier movimiento social tanto individual como colectivo. Con todo ello sabremos varias cosas: Primero, qué fue lo que le llevó a esa parte a tomar esa decisión, porque necesariamente debemos analizar su trayectoria pasada.
Primero comprobemos si nos vale o no la palabra, responsabilidad, porque nos dice la RAE: “Deuda, obligación de reparar y satisfacer, por sí o por otra persona, a consecuencia de un delito, de una culpa o de cualquier causa legal”.

Hemos de seguir con la RAE, respecto a Libertad nos dice: “Facultad natural que tiene el ser humano de obrar de una manera o de otra, o de no obrar, por la que es responsable de sus actos”. El principio de libertad de las partes subraya que cada parte en su evaluación y toma de decisiones, dentro de la competencia del conflicto, siempre es libre. Puede adoptar esa, o puede no adoptar ninguna. La emoción es suya.

Siguiendo con la misma línea anterior, debemos decir que la RAE define conducir: “Manejarse, portarse, comportarse, proceder de una u otra manera, bien o mal”. Por su parte nos dice que dolor: “Sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo por acción interior o exterior”.

Este principio, ley, o conocimiento universal incontrovertible, ha de quedar claro aquí y ahora para que entendamos algo más de la dinámica de los conflictos. La vida en la que existimos, de la que formamos parte interactiva, y que hoy pretendemos entender para convertir esas apreciaciones en conceptos explicables, funciona, además de con otros axiomas, con el siguiente: “Para que haya vida, movimiento, confrontación, modificación, evolución…ha de darse el supuesto que no haya solo Hidrógeno, u Oxígeno, o cualquier otro compuesto o elemento. Son las relaciones entre distintos elementos, fuerzas, posiciones o voluntades lo que crea todo el juego de lo que llamamos… Vida”.
La segunda ley que define y nos enseña a estudiar la dinámica de todo conflicto es la ley de la Confrontación y Competencia Constante. Siguiendo con las definiciones de la RAE, nos dice que Confrontación es: “Acción y efecto de confrontar”. Por lo tanto no nos ilumina mucho acerca de esta situación. Pero, sin embargo, sí lo hace al definir “Competencia”: “Disposición o rivalidad entre dos o más personas que aspiran a obtener la misma cosa”.

Ahora vamos a estudiar las leyes que rigen la dinámica del conflicto. La primera de ellas enumerada como Ley de la Dinamicidad –que además esa dinámica siempre es hacia la expansión-, la RAE define esta palabra como, “cualidad de lo dinámico”. También puede y debe ser explicada como Ley de la Expansión Constante.

Siguiendo con la definición de la RAE, por Estructura entiende: “Modo de estar distribuidas las partes de un todo y relación que puede establecerse entre ellas”.

También conocida como Ley del equilibrio relativo, porque cada Parte que se manifiesta, y por la tanto entendemos que “existe” en la naturaleza, no es más que un “Equilibrio relativo y circunstancial” de otras fuerzas menores que se manifiestan frente al exterior y compiten como una voluntad autónoma. Estas, al unirse y actuar como una voluntad única definida, se constituyen en parte interviniente en ese conflicto determinado.

Si el diccionario de la RAE, define la existencia como, “Acto de existir”. Nos encontramos que en su segunda acepción dice claramente al definir, Identidad, como, “Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás”.

Por Identidad siempre entendemos que son las características principales, diferenciadoras de los demás iguales, que nos presentan a una voluntad en la naturaleza como identificable y con elementos únicos, o casi-únicos, frente a sus oponentes.

Creo que en cualquier disciplina científica, si preguntamos cuál es el grupo de leyes que la rigen, quizá tengamos tantos esquemas y apartados como catedráticos a los que pidiésemos opinión. Lo mismo sucedería en la Medicina con expertos médicos. En ambos casos puede que coincidieran en el fondo, pero en las formas cada uno haría su lista de leyes principales.

Cuando en 1.685 Isaac Newton escribió su, “Principia Mathemática”, cambió los criterios que hasta ese mismo momento se manejaban sobre la “concepción mágica” de la caída de los cuerpos y de otras leyes físicas. Lo mismo sucedió en 1.859, cuando Charles Darwin publicó su, “Origen de las Especies”. Ya nada fue igual respecto a la creación divina y la inamovilidad de las especies animales o vegetales.
Lo que aún no se quiere aceptar hasta hoy día, es que, igual que existen unas leyes físicas que rigen la arquitectura o la medicina –ley de la Gravedad, estudio de volúmenes, anatomía y fisiología humana- también esas misma leyes físicas, y solo físicas -como además no podría ser de otra forma porque equivaldría a aceptar que estaríamos regidos por leyes mágicas, lo cual es un absurdo- son las que rigen todo nuestro actuar diario, nuestra toma de decisiones individual y colectiva y nos marcan, aunque para nosotros sean imperceptibles, el camino a seguir. Ese conjunto de reacciones es el que ha sido trazado por la naturaleza que nos ha creado.
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