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Del 22 al 28 de abril de 2019    

BLOGS > Habla el Mediador

Cuando en 1.685 Isaac Newton escribió su, “Principia Mathemática”, cambió los criterios que hasta ese mismo momento se manejaban sobre la “concepción mágica” de la caída de los cuerpos y de otras leyes físicas. Lo mismo sucedió en 1.859, cuando Charles Darwin publicó su, “Origen de las Especies”. Ya nada fue igual respecto a la creación divina y la inamovilidad de las especies animales o vegetales.
Lo que aún no se quiere aceptar hasta hoy día, es que, igual que existen unas leyes físicas que rigen la arquitectura o la medicina –ley de la Gravedad, estudio de volúmenes, anatomía y fisiología humana- también esas misma leyes físicas, y solo físicas -como además no podría ser de otra forma porque equivaldría a aceptar que estaríamos regidos por leyes mágicas, lo cual es un absurdo- son las que rigen todo nuestro actuar diario, nuestra toma de decisiones individual y colectiva y nos marcan, aunque para nosotros sean imperceptibles, el camino a seguir. Ese conjunto de reacciones es el que ha sido trazado por la naturaleza que nos ha creado.
Lo primero que observaron los viejos Brujos es que ciertas leyes de la madre naturaleza se cumplían siempre. Todos los organismos nacían y morían. El agua siempre discurría corriente abajo, y los objetos arrojados al aire siempre descendían a la madre Tierra. Más aún, los conocimientos técnicos, de las reglas de la vida, fueron muy anteriores a cualquier elucubración teórica, y mucho más antiguas que cualquier teoría global del mundo. Es decir, antes que ningún Espíritu o Dios.
Si la vida se nos presenta como un kaos, es porque percibimos la existencia diaria como un permanente Conflicto. No solo para nosotros como individuos o como especie, sino para todo tipo de existencias, y más aún, unas especies viven de destruir a las otras o solo sobreviven tras la muerte de individuos de las otras. Analícese la vida de los Virus o de los animales predadores.
No descubro nada nuevo si alego rotundamente que, desde el mismo nacimiento de la conciencia humana, y quizá como el componente principal de esta, surgió la absoluta necesidad de comprender el entorno con el que se relacionaba constantemente. Más tarde también se necesitó estudiar qué era lo que le sucedía, no solo al individuo, sino al grupo humano actuando en conjunto.

Cuando despierta la consciencia de un ser humano, a lo que se encuentra delante y formará todo su entorno le denominamos, Naturaleza, o La Vida. Lo que no sabe ese ser pensante, hasta que sea formado en ello, es que él ya es esa Naturaleza y forma parte de esa, Vida. Esta ya le creó a él sin que tuviese la más mínima participación en ello. Su cuerpo, su mente y toda su existencia es una forma más de esa naturaleza, y creada exclusivamente por ella.

En el avance de la Consciencia Humana se produjo un importante salto cuando logró entenderse intelectualmente la constante pugna de fuerzas que representan las interminables dualidades: Frio-calor, noche-día, sístole-diástole, expansión-contracción.

Una de esas dualidades, que nos presenta grandes interrogantes para las que aún no disponemos de respuestas medianamente adecuadas, y que hará girar toda nuestra vida, es resolver adecuadamente la pugna: Individuo-Grupo. Necesitamos la mejor formación para saber resolver la eterna incógnita entre las necesidades, órdenes, e imposiciones del Grupo al que pertenecemos, y nuestros propios deseos, emociones, aspiraciones y sueños, como individuos que aspiran a ejercer su voluntad. Toda nuestra vida social, e incluso de pensamientos en la soledad, versan sobre el eterno problema: el Yo, y Los Demás.

Una vez estudiada la Presión, que es la fuerza externa sobre algo o alguien, Ahora nos toca estudiar el efecto que provoca esa fuerza en el presionado. Esta siempre le genera una Tensión. Por ejemplo, la que ejerce el Sol sobre todo objeto o planeta que atrape en su órbita, este necesariamente sufrirá…Tensión. El planeta atrapado sufre, siente, experimenta esa fuerza sobre él, gira atrapado bajo la voluntad de otro. Toda su vida, mientras dure esa situación de fuerzas o fuerzas ajenas, vivirá en constante tensión.
Tras la observación y el análisis minucioso, con los consiguientes experimentos detrás, una vez que comenzamos a explicar el mundo hemos de constatar con claridad que todo lo existente no son más que equilibrios, y además con estas características: Relativos, Subjetivos y Circunstanciales. Por eso la vida se nos presenta siempre, Dinámica. Todas estas fuerzas, sea dos o varias, disponen siempre de las siguientes características: Una Presión inicial, Una Tensión que se genera en la presionada y le obliga a una respuesta, y un Equilibrio final que se alcanza entre todas ellas.
Ya disponemos de un conocimiento general: todo lo existente no son más que equilibrios, y además con estas características: Relativos, Subjetivos y Circunstanciales. Lo que se presenta ante nosotros es un objeto o situación que nos es más que el resultado de una contraposición de fuerzas que se mantienen equilibradas. Todo ello es lo que somos nosotros mismos, un equilibrio de células. Parece ser que así se constituye todo nuestro entorno.
Hay ciertas cosas que ya conocemos y quizá, si así lo pactamos, debemos partir de esos pequeños conocimientos para comenzar nuestra batería de preguntas. Uno de estos datos es que somos un animal grupal. Siempre nacemos, vivimos y morimos en un Grupo Social Organizado (en el futuro GSO), hoy le llamamos, Estado. Siendo cierto este planteamiento, debemos estudiar cómo se organiza ese GSO. Cuáles son sus características generales. Qué relación hay, y cómo se establece, entre unos estratos y los otros.

El primer gran criterio para el mejor funcionamiento de un Grupo Social Organizado (estado) es el de, Equilibrio:

No somos todos iguales, el niño es diferente del adulto, los más fuertes de los más débiles, los más inteligentes de los menos, y los que tienen responsabilidades han de ser contemplados siempre en plano diferente a los que no las tienen. Pero esos estatus –en los que la relación entre todos los sub-grupos ha de ser lo más equilibrada posible- han de llevar siempre a dos cosas: Que todos los miembros individuales dispongan de lo necesario, y que las posiciones sean intercambiables en función al mérito o al paso del tiempo y la adquisición de la madurez necesaria.

Ya han llegado las fechas tan señaladas en nuestro calendario, por eso, de todo corazón, os deseo a todos: ¡FELIZ AÑO 2019, FELIZ NAVIDAD!

En este cambio de sociedad que estamos viviendo a toda prisa, puede que algunos lectores digan. “Vaya, ahora este escritor primero felicita el año nuevo, y luego la Navidad”, ¿No era siempre al revés?. Los lectores. Además de tener razón siempre, ahora la tienen de verdad respecto a la tradición, pero yo pretendo ayudar a cambiar esa tradición, a la vez que buscar mejor convivencia entre los seres humanos de todas las culturas, para que podamos celebrar algo como Especie, por ello, vuelvo a decir, FELIZ AÑO NUEVO 2019, FELIZ NAVIDAD.

Si pretendemos hablar de una ciencia para gobernar hemos de comenzar por ser humildes y proclamar a los cuatro vientos: “No tenemos la más somera idea”.

Es cierto que dice un proverbio Chino: “No me des pescado, enséñame a pescar”. Uno Francés: “Para su ayudante de cámara nadie es un gran hombre”, y uno Árabe: “Si dices la verdad ten preparado tu caballo”.

Fue nuestro profeta, Aristóteles, el que comenzó a escribir sobre política. ¿Qué era para Él y sus contemporáneos la Política? Una ciencia que fuese acumulando conocimientos y después enseñase a los seres humanos a gobernar de forma técnica sus ciudades, (Polis = Ciudad), de ahí lo de Política y políticos.

Una vez que comienza la vida sedentaria, y el funcionamiento ordinario de las ciudades, una de las primeras necesidades que se le presenta a la humanidad, ante su deseo de poner orden en su entorno, es establecer unas medidas regulares para el comercio. Fruto de esa contabilidad y anotaciones surgió la escritura. La primera que conocemos, la Cuneiforme, en Sumer (Los Sumerios), se defiende por los más entendidos que dichos grafos surgieron más por un problema de numeración y anotación de deudas y contabilidades que por otras necesidades de comunicaciones escritas.

En todas las ocasiones en que se suscita una tertulia informal acerca de nuestras creencias, me encuentro habitualmente con varios interlocutores que al decirles que ni eres Cristiano ni marxista, o ni Liberal, te preguntan con cierto asombro…¿Entonces, tú en qué crees?.

Y como, una vez más, hemos de demostrar científicamente que el funcionamiento de cualquier grupo social siempre goza de las mismas premisas, en mi caso no es diferente. Por supuesto que tengo mis creencias –y muy arraigadas, las cuales indirectamente comparto siempre que escribo, con vosotros- y que también dispongo de un Líder máximo al que obedecer y seguir a pies juntillas. Voy a explicarlo lo mejor que pueda.

En ese afán por ordenar el mundo hostil que tenían enfrente, los mejores pensadores que alcanzaron las reflexiones más profundas y completas, idearon en base a los pequeños conocimientos de los que disponían de toda la naturaleza y de ellos mismos como componentes de la humanidad, un conjunto de teorías, reglas y ritos que según su mejor criterio serían los que mejor ordenarían la vida social tanto individual como colectiva. A eso le llamamos, Las Grandes religiones.

Ya es conocido que diversas religiones, tan antiguas como las nacidas de los libros Veda, hace más de tres mil años, han dejado claro, pero en forma de creencia, que todos los seres humanos éramos la misma Especie, y que todos nacimos hijos de la misma Madre tierra. El Cristianismo, hace dos mil, dijo que no hay ninguna distinción y que todos provenimos del mismo Dios padre. Hoy el estudio del Genoma Humano ha probado científicamente que somos la misma y única especie. Nada más y nada menos.

Desde el mismo momento que despertó la conciencia humana su primer deseo fue intentar aplicar el mejor Orden posible al tremendo Kaos que tenía enfrente. Porque todos los días su actividad no hacía otra cosa que hacerle sufrir de una u otra manera. Era ese dolor el que le hacía ser consciente de la relación con el medio, y su respuesta instintiva no era otra que controlarlo para que ya no le fuese hostil.

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