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Casa Real de Vaciamadrid

Miguel Flórez Fernández

Existe un cuadro en el Monasterio de El Escorial, conocido como el Palacio de Vaciamadrid o Casa Real de Vaciamadrid, de autor desconocido, aunque se le atribuye con bastantes reservas a Jusepe Leonardo, ya que realizó una serie de cuadros sobre los Sitios Reales. El lienzo nos muestra el edificio desde el sudeste, apreciándose los cortados de Casa Eulogio, al otro lado del río, en un bello entorno paisajístico.
Es un edificio modesto, de estilo toledano, utilizando materiales y técnicas propias del país, como el ladrillo  y las cajas de mampostería sobre un zócalo de piedra. El jardín es cerrado, como el Reservado de la  Casa de Campo o Valsaín, siendo su jardinero el italiano Francisco Marcos, que anteriormente había trabajado en la Huerta de la Priora. Otro jardinero fue Pedro Bravo, durante la época del Conde Duque Olivares. Es un jardín llano y geométrico, con veintidós parterres cuadrados, formados por setos bajos, seguramente de boj o mirto, con abundantes flores, con un arbusto sobresaliente en los vértices y centro de los mismos. Sólo existe un árbol y escasas trepadoras cubren parte del muro de cerramiento, junto a la casa hay jarrones de cerámica vidriada con flores, en el centro del jardín una fuente circular de dos pisos con surtidor. Este jardín pertenece a los llamados “nuevos jardines”: Alcázar de Madrid, Casa de Campo, Aranjuez, El Escorial y La Fresnada, para la realización de estos jardines Felipe II tuvo presente los jardines italianos, flamencos e ingleses que visitó en sus viajes, como príncipe.
Este edificio forma parte de un cinturón de casas y jardines alrededor de Madrid, mandados realizar por Felipe II, que según Checa Cremedes refiriéndose a estas casas campestres: “El gusto por la vida tranquila y reposada en un entorno naturalista y la pasión por la caza como ejercicio aristocrático nos explica el interés de Felipe II por los palacios y casas de campo en torno al agitado mundo de corte de Madrid. Villas campestres rodeadas de jardines, cotos de caza y fortificaciones comunicadas entre sí por una red de caminos, puentes y canalizaciones”. El arquitecto, Gómez de Mora, al referirse a este edificio dice que es una casa muy bonita, que tiene jardines y en particular un gran soto de conejos.
El interés de Felipe II por Vaciamadrid, se remontaba de un informe valorando los sotos y dehesas de la vega del Jarama de 1577, y a principio de los años ochenta Juan de Herrera supervisa lo realizado en las obras nivelación del río.
En 1589 compra dos edificios a los herederos de Sebastián Santoyo, más que de compra hay que hablar de expropiación por Célula Real, uno situado en El Escorial y el otro en la confluencia de los ríos Manzanares y Jarama, sobre las peñas de Cuelgamujeres, contiguo a los terrenos que éstos poseían en Vaciamadrid. Esta adquisición se enmarca en una política de ampliación y renovación de los edificios reales en las cercanías de Madrid, como lugar de descanso y apeadero de sus paseos fluviales por el Jarama hasta Aranjuez. De sobra es conocido el deseo de Felipe II de aprovechar los ríos como vías de comunicación entre los distintos Sitios Reales. Ya se había realizado una parte del Tajo por el ingeniero Juan Bautista Antonelli, que construyó dos barcos para navegar por el Jarama; el mismo describe una famosa navegación de toda la corte desde Vaciamadrid hasta Aranjuez. Por este motivo se realizó un pequeño embarcadero. También se construyó un puente de madera, que debido a su poco uso desapareció. Este edificio sirvió para los encuentros amorosos entre Felipe IV y la Calderona, de estos amores nació Juan José de Austria, que terminó gobernando España como favorito de su hermanastro Carlos II El Hechizado.
En 1625 por necesidades económicas originadas por las continuas guerras que mantenía España se decide traspasar hasta 20.000 vasallos de las villas del rey, por este motivo muchas villas alrededor de Madrid pasan de manos del monarca a otros propietarios.
Vaciamadrid pertenecía a Madrid, hasta el 4 de abril de 1627 que la compra el Conde Duque de Olivares por 5.600 ducados, en esta venta se incluía la Casa Real con sus terrenos. A pesar de haber adquirido Vaciamadrid, a los pocos años decide que este edificio siga en manos de la corona. Una acción nada desinteresada, ya que pidió la alcaldía perpetua de la Casa Real de Vaciamadrid en compensación, con lo cual consigue un nuevo cargo honorífico, con las mismas prerrogativas que ostentaba como Alcalde del Buen Retiro. Además de éstas, también podía otorgar el título en herencia a quien él quisiera, nombra como Teniente de Alcaide de la Casa Real de Vaciamadrid a uno de sus colaboradores, Diego de Messia, Marqués de Leganés. En estos cargos honoríficos no era necesaria la presencia física en dichos lugares, el Alcaide Ordinario o efectivo era Pedro Bravo, también jardinero del edificio y Alcalde del lugar. Con esta maniobra de comprar la aldea y dejar la Casa Real al servicio del monarca, haciendo que el rey le nombre alcalde, consigue disfrutar de la propiedad sin tener que hacer frente a los gastos de mantenimiento de tan majestuoso edificio.
A la muerte de Olivares el título lo hereda su viuda, confirmando al Marqués de Leganés en su cargo, pasando a la propiedad de éste y sus herederos, a la muerte de la viuda.
También hay constancia de un juicio a dos vecinos de Arganda por usurpación de tierras que pertenecían a la Casa Real a principio del Siglo XVIII, siendo el demandante el III Marqués de Leganés, Diego Felípez de Guzmán. Estas son las ultimas referencias a este Sitio Real, a partir de este siglo comienza un deterioro del edificio hasta su desaparición.
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