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Sí señor, ministro director

Durante la pasada campaña de las elecciones generales unas declaraciones de Pablo Iglesias denunciando el excesivo poder que atesoran hoy los directores de los grandes medios de comunicación, reabrieron tímidamente el debate sobre el verdadero papel de la prensa.

Dicho debate aparece justo después que se destapara el caso de la “policía patriótica” en el que conocimos cómo desde el Ministerio se fabricaron pruebas falsas contra Podemos que después fueron difundidas por un amplio sector de medios de comunicación para desprestigiar a la formación durante años con el manoseado asunto de Venezuela.

Casi al mismo tiempo que se destapa este caso de las cloacas del estado, curiosidades de la vida, se publica uno de los mejores libros que he leído sobre las cloacas, pero en este caso las del periodismo. Se trata de “El director”, de David Jiménez, una crónica salvaje en la que el exdirector del diario “El Mundo” relata con bastantes más detalles de los esperados cómo, durante el año que estuvo al frente del periódico, recibía presiones e injerencias diariamente desde el IBEX 35 y el poder político para marcar la línea del diario. Uno de las bombas de racimo que lanza Jiménez es lo que él llama “Los Acuerdos”, un contrato no escrito entre los grandes medios y las empresas del IBEX por el que éstas riegan de publicidad y promociones los diarios, radios y televisiones, y viajes de alto standing a los directivos, a cambio de no perjudicar sus intereses empresariales. Jiménez relata también cómo estas presiones no llegan únicamente del entorno empresarial sino también directamente de la vicepresidencia del gobierno y algún secretario de comunicación que señalan directamente qué debe salir o no publicado. La endogamia entre el poder económico y los grandes medios no es ninguna novedad pero la imagen romántica del Cuarto poder aún goza de cierto predicamento en una parte muy importante de la opinión pública. Pero las prácticas mafiosas no acaban sólo en el papel. “El director” cuenta cómo muchos de los medios digitales utilizan habitualmente el chantaje a empresas o personalidades como fuente de financiación a cambio de no publicar informaciones que les perjudiquen. Gran parte de este maremagnum de diarios digitales se crearon a la sombra a través de grupos empresariales que funcionaron de pantalla de partidos políticos que estaban metidos hasta la médula en casos de corrupción y regalaron dinero a mediocres periodistas para que crearan un lobby que compadreara con las posiciones histéricas de una ultraderecha que empezaba ya a asomar en muchos países europeos. Y al mismo tiempo aznarizara más la línea del PP al que empezaron a colgarle el sambenito de “derechita cobarde”. En este ecosistema de digitales y televisiones TDT de posiciones ultras se sembró la semilla de VOX. La mayoría de estos medios están en la más absoluta bancarrota pero sirven como bayoneta de los grandes intereses de los poderes económicos difundiendo información basura, ya sea a través del bulo, la calumnia o el fake. Como relata Jiménez en su libro, este periodismo es un peligro para la profesión porque contamina y erosiona los principios de la profesión y en definitiva del derecho constitucional a recibir una información veraz y contrastada.

Pablo Iglesias no mentía cuando decía que algunos directores mandaban más que un diputado. Pero se quedó corto probablemente por cautela. Lo que no se atrevió a decir es que la agenda sobre el debate público diario viene dirigido desde cuatro o cinco cuarteles de invierno en la que unos señores que no son periodistas deciden sobre qué temas interesa o no que debatamos. Cuando Jiménez cuenta que en las tertulias televisivas de Atresmedia o Mediaset hay “algunos huecos libres, que son los que quedan después de que el Gobierno y los caciques mediáticos de la casa colocaran a sus marionetas y esbirros” se entiende todo. Y la consigna es obedecer si no quieres acabar con el despido improcedente encima de la mesa como le sucedió a Jiménez. Luego a algunos presentadores estrella del “más periodismo” se les abren las carnes cuando en manifestaciones se oyen gritos de “Televisión, manipulación”. En cualquier caso, les recomiendo que lean “El director” y saquen sus propias conclusiones. No se arrepentirán.

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