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Late, corazón, late, (Capítulo IV)

Late, corazón, late, (Capítulo IV)
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Pacto con el diablo (una cuestión de tiempo) (I)

Hoy estaba con mis compañeros de trabajo, reunidos todos en torno a una mesa y a una cocina —era la hora de la comida—, cuando mi amiga Elena empieza a mirar el reloj nerviosa y al preguntarle qué sucedía me dice que “tiene que hacer muchas cosas” y no le va a dar tiempo. Otras dos compis están más o menos igual: con prisas por terminar la sobremesa para seguir realizando compulsivamente tareas de un trabajo que se hace interminable a fuerza de añadir una ocupación tras otra, a cada cual de ellas más importante...

Le digo que se tranquilice y repose las viandas con calma, que todavía hay tiempo de sobra según la normativa del convenio. No obstante, decido ayudarla contando cómo puede resolver su problema con el tiempo, relato que hago extensivo a todos los presentes —ocho personas en total—, contando mi propio caso personal.

  • Pues bien, Elena, ese problema lo resolví yo hace años, ya que las veinticuatro horas del día no eran capaces de cubrir mis necesidades en ese aspecto tan fundamental.
  • Y ¿cómo lo resolviste, Ignacio? —pregunta Elena.
  • Lo resolví haciendo un “pacto con el diablo”.
  • ¿Un pacto con el diablo?
  • En efecto, eso he dicho.

Antes de que vuelva a preguntar, les digo: “Le propuse vender mi alma por “Tiempo”, ese bien tan escaso y necesario y que yo, al menos, tanto valoro... Y por lo que veo, vosotras tres también”. Al principio —continúo mi relato—el maligno se sorprendió un poco, pero enseguida aceptó, como no podía ser de otra manera..., que la cabra tira al monte y “un alma es un alma”, aquí y en Sebastopol, faltaría más. La mayoría de la gente suele vender su alma por dinero (¡ah!, la codicia y la avaricia, ¡qué grandes pecados!) o por amores (la lujuria ¿cómo no?... ¡me encanta!), pero lo mío es la soberbia, ¡qué decir! (soy despreciable, lo sé)... y para eso necesito tiempo, mucho tiempo...

  • Pero ¿quién va a querer tu alma? —inquiere Susana sonriendo medio en broma.
  • Todas le valen —respondo— No le hace ascos a ninguna.

Así pues —continúo sin esperar más preguntas de Elena, Susana o Emma o cualquier otro de los presentes (acaso Miguel o Graci)—, mi propuesta estaba sobre la mesa... El diablo, aunque ya he dicho que tardó poco en aceptar mi infame proposición, puso cara de circunstancias y rompió su silencio.

  • ¿Cuánto necesitas?
  • Mucho —respondí con rapidez sin dejar de clavar mis ojos en sus pupilas de manera tan arrogante que creo que hasta lo dejé confuso, como dudando por haber aceptado tan rápido mi peculiar proposición.
  • Necesito todo el que yo quiera; necesito “todo el tiempo del mundo” —añadí, esbozando una sonrisa para tranquilizarle.

(Continuará...)

Nota a pie de página: Como quiera que este espacio es reducido, tengo que restringir los ruegos habituales para que desde Europa se tomen medidas efectivas para ayudar a los refugiados sirios y a los demás refugiados, a los africanos, ya sean subsaharianos o magrebíes, en fin, a todos lo que sufren. En Europa, en España, cerramos fronteras; continuamos levantando barreras, unas de espino y otras de papel, algunas —mucho peor— de acero invisible, barricadas custodiadas por cíclopes y dragones... Malditas leyes e ideologías. (Cientos, miles de muros y vallas siguen elevándose hacia los cielos en todo el mundo.... Cientos de miles, millones de personas, continúan sin poder ejercer uno de los derechos elementales del ser humano. Lejos de resolverse, últimamente la situación se agrava cada día más.)

¿Quién ha dicho que tenemos derecho a levantar vallas y a cerrar fronteras? ¿A quienes queremos engañar?

No quiero terminar sin volver a recordar un asunto puntual importantísimo para ayudar en España —habitualmente pedía dos, pero una de ellas, sorprendentemente, ha sido resuelta en junio, se ha impuesto por fin la Sanidad Universal (años y años repitiendo la misma cantinela y ahora... ¡se cumple!; no todo son malas noticias... eso da ánimos para seguir reclamando derechos y así lo haremos)— que es el de solucionar de una vez por todas la insoportable la situación española en el asunto de los desahucios: cientos, miles de familias quedan en la calle porque la legislación española no soluciona la gran estafa que la Banca ha propiciado en las últimas décadas; auténtico pillaje que está dinamitando la cohesión social.

Y todo esto hay que hacerlo dejando aparte cualquier tipo de consideración ética y/o moral dejando de lado las ideologías, las creencias religiosas y las consideraciones económicas..., esto hay que hacerlo simplemente PORQUE ES LO CORRECTO.

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