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El doctor Pablo Bahillo descubre una nueva especie española de insecto

Cebrio Yolandae
Cebrio Yolandae

Acaba de publicarse un trabajo científico en el cual el doctor en Ciencias Biológicas, D. Pablo Bahillo de la Puebla, uno de los entomólogos españoles más sobresalientes, describe una nueva especie de insecto del orden de los coleópteros (los denominados genéricamente “escarabajos”). Se trata del Cebrio yolandae, una especie perteneciente a un género cuyo interés ecológico es alto puesto que la totalidad de sus especies hispano-portuguesas –casi cuarenta- son endémicas de diversas regiones de la península.

El Dr. Bahillo de la Puebla y su familia
El Dr. Bahillo de la Puebla y su familia


El nuevo insecto mide en torno a los 17,5 milímetros, tiene un aspecto extraño y, por partes, con muchos pelos. La cabeza es de color pardo oscuro, casi negra, y el resto del cuerpo castaño claro, un poco de color ladrillo, con parte del pronoto y las patas oscurecidos (ver fotografía). Cebrio yolandae vive en Navarra, Huesca y Zaragoza.

Este descubrimiento no sería en principio excepcional en sí, ya que nuestro país está mal estudiado (a pesar de que una primera impresión haga pensar lo contrario) y se descubren nuevas especies constantemente. Sin embargo este caso concreto cuenta con una peculiaridad que lo hace grande. En efecto, se trata de una especie ya conocida pero que estaba confundida con otra francesa, Cebrio gigas. El mérito de Pablo es haberlo intuido primero y haberlo comprobado y demostrado científicamente después. El conocimiento de la fauna ibérica se va incrementado constante y penosamente por el esfuerzo desinteresado de numerosos investigadores españoles que, a título personal y por auténtica vocación, van obteniendo resultados espectaculares a pesar de la escasez de recursos. Se puede decir que la planificación y financiación oficial en España es prácticamente nula e inexistente; ni en los tiempos que corren ni en las décadas anteriores -¡en realidad nunca!- se han elaborado planes para dicho propósito, salvando pequeños esfuerzos puntuales desde organismos estatales como algunos museos de Ciencias Naturales (Madrid, Barcelona y poco más) o universidades (Madrid, Barcelona, Salamanca, Murcia, Alicante…).

El nuevo insecto tiene además un valor añadido para su descubridor, ya que en esta ocasión ha tenido el placer de dedicarlo a su esposa, Yolanda Santamaría Alonso. También hay que precisar que quien esto suscribe ha colaborado en dicho trabajo gracias a la generosidad del Dr. Bahillo, gran amigo, el cual me ofreció gentilmente participar en la investigación (en la parte técnica), aunque el mérito del descubrimiento sea todo suyo.

El trabajo se ha publicado en la revista científica Heteropterus, de la Asociación Guipuzcoana de Entomología, cuyo manejo y administración corren a cargo de un grupo de naturalistas vascos de gran prestigio entre los que debemos mencionar a los especialistas Dr. Santiago Pagola Carte, D. Imanol Zabalegui Lizaso y D. Faustino Uranga Larrañaga (1). El impulso y divulgación de los estudios científicos entomológicos tanto en el País Vasco como en el resto de España, deben mucho a este grupo de entomólogos.

Los coleópteros del género Cebrio son insectos muy particulares, bastante extendidos por la cuenca del Mediterráneo y especialmente diversificados en el Magreb y en la Península Ibérica, donde aparecen unas ciento cincuenta especies. Su estudio presenta enorme interés biológico, ya que se desconoce el papel que desempeñan en los diversos ecosistemas adonde viven: bosque mediterráneo –encinares, alcornocales, quejigares, melojares, pinares, sabinares, etc.-, dehesas, pero también hay especies propias de las zonas esteparias y subdesérticas. Son buenos indicadores de la salud ambiental puesto que desaparecen en cuanto se hace notar la degradación del medio debido a las actividades humanas. Ello es debido a varios factores encadenados; en primer lugar, al modo de vida de sus larvas, subterráneo y de alimentación radicícola, por lo que dependen del suelo y de la cubierta vegetal y por tanto, cuando los campos están contaminados o se destroza la vegetación natural, no resisten y se extinguen; otro inconveniente es la atracción que sobre los machos ejercen las luces por la noche -similar a lo que sucede a muchas mariposas nocturnas-, por lo que la contaminación lumínica también puede suponer un problema grave en ciertas áreas españolas (aunque faltan estudios científicos para corroborar esta aseveración); en tercer lugar, la movilidad mínima de las hembras, ápteras, reduce sus posibilidades de dispersión y colonización de nuevos territorios para la especie.

La destrucción y alteración del hábitat por la expansión urbanística, la ampliación de polígonos industriales y la construcción de infraestructuras viarias provocan el aislamiento en las poblaciones reproductoras. Si a ello añadimos que todas las especies tienen un área de distribución muy restringida (casi todas son endemismos más o menos locales) y habitualmente mantienen pocos efectivos numéricos, ya que han adoptado la denominada “selección K” como estrategia reproductiva (las que sobreviven con pocas crías, o dicho de otro modo, su supervivencia se basa en mantener tasas de natalidad y mortalidad bajas), se comprende enseguida su importancia como bioindicadores. Este tipo de especies suele ser propia de ambientes estables, de ecosistemas de madurez ecológica.


(1) Pertenecen a ella, entre otros muchos, entomólogos de la talla de Marta Saloña, Jorge Luis Agoiz, Carles Hernando, Ignacio Ribera, Jordi Ribes, José María Salgado, Ángeles Vázquez, Miguel Ángel Alonso Zarazaga, Pablo Bercedo, Lucía Arnáiz, Miguel Carles-Tolrá, Xavier Bellés, Jordi Dantart, Xavier Espadaler, Marcos Báez, Víctor Monserrat, Eduard Vives, Jiří Háva, Raimundo Outerelo, Juan Pérez Zaballos, Eduard Petitpierre, Iñigo Ugarte, Antonio San Martín, Iñaki Alonso, Leticia Martínez de Murguía, Iñaki Manuel Aguirresarobe, Alberto de Castro, Juan Diego González, Fernando Hiribarnegarai, Fernando Salgueira, Felipe Calvo, Iñaki Recalde, Roberto Fernández de Gamboa, Antonio Valencia, Arantza Oyarbide, Alex Uranga, Pedro Ayerbe, Pedro Aguilera y Mónica Menéndez.

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