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Del 21 al 27 de agosto de 2017     

BLOGS > Desde la Orilla

La aún fresca noticia de la caída del Banco Popular, hasta el punto de su adquisición por el Santander por un simbólico euro, ha dejado más patente si cabe la nula utilidad de los sistemas de control que pagamos los contribuyentes, como tantos otros organismos que, incluso, han venido utilizándose para un fin contrario a aquél para el que fueron creados.

“Hay un hecho que, para bien o para mal, es el importante en la vida pública europea de la hora presente. Este hecho es el advenimiento de las masas al pleno poderío social. Como las masas, por definición, no deben ni pueden dirigir su propia existencia, y menos regentar la sociedad, quiere decirse que Europa sufre ahora las más grave crisis que a pueblos, naciones, cultura, cabe padecer”, La Rebelión de las Masas, Ortega y Gasset, 1929. (El pensamiento de Ortega inspiró a Ramiro Ledesma Ramos, discípulo suyo y a José Antonio Primo de Rivera, fundadores del movimiento nacionalsindicalista y de Falange Española, respectivamente).

Es creencia generalizada que la gestión privada, en general, es más eficiente que la gestión pública. “El ojo del amo engorda al caballo” decía mi padre, para afirmar que los negocios no deben dejarse al control de terceros. A lo público, que parece no ser de nadie, cuando es exactamente lo contrario al ser de todos, parece acontecerle lo que mi progenitor repudiaba.

De que los altos estamentos de nuestra sociedad están podridos hasta la médula, no creo que quepa la menor duda, máxime tras los últimos acontecimientos judiciales, sentencias, cambios de fiscales picajosos, declaraciones de implicados y testigos y todo ese exponente de la basura con la que estamos obligados a convivir.

Paseo del Retiro, una fría mañana de febrero. Veo a un profesor con docena y media de niños. Los va llevando hacia diferentes especies de árboles y arbustos. Ante cada uno de ellos, hace una explicación básica, especie, si es o no caducifolio y poco más. Una vez hechas las presentaciones, les dice: “Ahora vamos a jugar un rato. Yo diré el nombre de uno de ellos y vosotros tenéis que ir y quedaros junto a él. Luego nombraré otro y haréis lo mismo”.

Recientemente, el Tribunal Constitucional ha dictado jurisprudencia limitando la libertad de expresión de los militantes de los partidos políticos, al considerar que les deben FIDELIDAD, dado que participan en ellos libremente.

En discusiones que leo en las redes sociales entre militantes socialistas (en alguna de ellas he intervenido), encuentro frases que me hacen reflexionar. Dicen cosas como: “No creéis en el PSOE” (refiriéndose a los llamados “críticos”) o “A mí nadie me da lecciones de socialismo”.

Andan revueltos algunos gallineros, por el lado derecho del poblado, con motivo de una afirmación poco afortunada de un director de cine con visión simultánea a ambos lados del horizonte. Dijo algo así como: “No me he sentido español ni cinco minutos en mi vida”. Parece que la frase había quedado en situación de espera del momento oportuno para tocar los testículos con ella; este mes de noviembre llegó su hora.

No sabía cómo titular esta columna. Dudaba entre el que finalmente he usado, que lo es de una novela que ganó un Pulitzer, escrita por John Kennedy Toole, o “Tú también hijo mío (Tibi quoque fili mio)”, frase atribuida a César cuando ve a Bruto entre sus asesinos en la reunión del senado donde murió acuchillado.

Parece que todo el mundo está de acuerdo en que el PSOE está en una encrucijada de difícil salida, sin dejar muchos jirones en el camino; sin embargo, yo opino que la que está en esa situación es la sociedad española en su conjunto, lo que refuerza el criterio, ampliamente compartido dentro del Partido Socialista de “ser un reflejo del conjunto de la sociedad en la que se ubica”.

Según publicaba un periódico de tirada nacional, de los lacayos del ejecutivo aún en curso, a Rajoy hablar con Pedro Sánchez le parece como si lo hiciera con un marciano. Para completar el cuadro deberían haberle preguntado a Sánchez qué le parece hablar con Mariano, aunque la respuesta natural es “una pérdida de tiempo”. Rajoy es un personaje del siglo XIX, un conservador a ultranza, de los que no entendían para nada que se pusiera en solfa la autoridad del rey, se hablara de derechos, igualdades y otras “modernidades” semejantes. Es un magnífico lacayo que cumple a rajatabla lo que le “sugieren” sus mentores, sin pensar en la plebe, los plebeyos, la masa, esos otros, ni por un instante. “Sólo faltaría”.

He llegado a la conclusión de que “el cariño verdadero” debe ser lo único que, de ser cierta la canción, “ni se compra ni se vende”, porque todo lo demás, sea lo que sea, está en almoneda. Todo.

Que un embajador en estrecha colaboración con un insigne diputado se montaran un mercadillo de “conseguidores” de obras, concesiones administrativas y otras gabelas, al módico precio del no sé cuántos por ciento, ya ni llama la atención, por mucho que alguna televisión se empeñase en que nos enteráramos con insistencia al grito de “más vale tarde”. Es que ya ni nos enfadamos. Parece que han capturado con esa caña unos cuantos milloncejos, estos íntegramente ingresados en sus cuentas particulares, sin mordida alguna para otras cajas B de reconocido prestigio.

Cuando escribo esta columna, quedan 13 días para las nuevas elecciones al Parlamento y al Senado nacionales y hace algo más de una semana que D. Pablo Manuel Iglesias Turrión se declaró socialdemócrata. No habrá causado mucha sorpresa a esa minoría de la población que sigue la cotidianidad política, porque este caballero ya ha cambiado su ideario político no se sabe cuántas veces; exactamente las que hagan falta, según su criterio.

En la recién acabada legislatura, para el PSOE el objetivo primero a alcanzar era sacar al Partido Popular del gobierno de la nación. Una vez conseguido, se podrían ir resolviendo, paso a paso, todo el resto de necesidades que el tapón que supone esa formación política, ha mantenido o creado durante su tiempo de hegemonía absoluta en todos los estamentos públicos y privados de la nación.

La Unión Europea (UE) es una comunidad política de derecho nacida para propiciar y acoger la integración y gobernanza en común de los Estados y los pueblos de Europa. Esto parece ser que dice el tratado que la establece, suscrito el 1 de noviembre de 1993.

Si un ciudadano de a pie pretende comprender, siquiera someramente, cómo funciona y sobre todo para qué le sirve, seguramente se levantará de su mesa de lectura con un notorio dolor de cabeza y con la sensación de saber menos que cuando se sentó. Al menos ésa es mi experiencia personal.

El surgimiento del movimiento15M fue un hecho de lo más positivo para la sociedad española, no me cabe la menor duda. Las políticas europeas para resolver la llamada crisis y que muchos consideramos que debería denominarse estafa, dieron lugar en otros países a resurgimientos o afianzamientos de los partidos de ultraderecha. Aquí convocó a amplios sectores sociales antes dispersos o sencillamente inexistentes, situados intelectualmente en su mayor parte a la izquierda de los partidos de esa ideología presentes en el parlamento español.

Creo saber cómo le habrán sentado a la militancia socialista, la de verdad, la que sigue militando en el Partido Socialista, pese a cuantos cantos de sirena pretendan que se arrojen a otras aguas turbulentas y escasamente contrastadas (más allá de los altisonantes discursos y las soflamas de ayer devenidas en moderaciones de hoy y viceversa), las declaraciones de esos compañeros suyos que, siéndolo, consienten en ser tildados por los medios de comunicación como BARONES Y BARONESAS.

A la muerte del Papa Clemente IV, en 1268, se reunió el colegio cardenalicio en la ciudad italiana de Viterbo para elegir nuevo pontífice. El enfrentamiento existente entre los cardenales franceses e italianos se enconó de tal manera que, trascurridos tres años sin que se pusieran de acuerdo, los ciudadanos de Viterbo encerraron bajo llave a los asistentes al cónclave, les racionaron a pan y agua y les rompieron la techumbre del palacio episcopal donde estaban reunidos para que sufrieran las inclemencias meteorológicas y tomaran una decisión de una vez por todas.

Antes de la lectura de este artículo les aconsejamos que lean previamente "Carta a mi amigo Paco (de Pablo) que se reproduce al finalizar el texto firmado por Paco de Pablo.

Quiero significarte en primer lugar en cuánto valoro el hecho de que, entre todos tus amigos, me hayas escogido a mí para desahogarte en el trance que a todas luces estás sufriendo. Gracias José María.

De todas las cuestiones de fondo que se pueden extraer de tu carta suscribo al 100% el penúltimo párrafo: “… de la situación y relación actual entre catalanes y el resto de los españoles, culpo a los dirigentes del país, a toda esa clase política que sólo se preocupa de llegar al poder y de mantenerse en él.”

Los romanos, antes de entrar en batalla llamaban a sus sacerdotes para que predijeran el resultado. Solían hacer sus adivinanzas consultando las entrañas de algún ave, paloma normalmente, que previamente había sido sacrificada. Cuentan que César les daba el pronóstico a declarar so pena de ser ellos las primeras víctimas en la contienda de ese día.

La conservación de las costumbres suele ser tónica general entre los diversos pueblos que habitan la faz de la tierra, aunque también es cierto que el progreso de la humanidad ha ido acompañado por el paulatino abandono de muchas de ellas.
Los españoles no somos una excepción, antes al contrario: aquí el arraigo de algunas es consustancial a nuestra idiosincrasia (horrible palabrota). Así por ejemplo: el 23 de marzo de 1766, a la sazón Domingo de Ramos, estalló la primera revuelta popular en la Plaza Mayor de Madrid, de lo que vino en llamarse con posterioridad Motín de Esquilache.

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