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Del 18 al 24 de setiembre de 2017     

BLOGS > Memento Mori

He de confesarlo, mis queridos lectores, soy una mujer desconcertada. Total y absolutamente. Tal y como se decía en mi juventud me siento como un calamar en un garaje (analogía en sí misma ya desconcertante).

La vuelta del verano siempre necesita de adaptación, porque hábitos y costumbres que mantenemos durante nueve meses parece que se nos van con la poca ropa, el calor y la bebida fría. Eso ha sido así desde que el ser humano goza de vacaciones, y unos con más tiempo y otros con menos, acabamos volviendo a la rutina.

Siento que en este artículo, en plena canícula veraniega, no voy a ser políticamente correcta. Por eso pido perdón por delante a quien se puede sentir identificado con alguno de los comentarios que en este artículo expongo, algo cansada de observar una sociedad que ante situaciones que nos debería de remover de los pies a la cabeza se muestra, sino indiferente, poco reactivo más allá de la queja diaria.

Nunca he ocultado mi adscripción política, de la que me he sentido orgullosa a pesar de los difíciles momentos en etapas pasadas y presentes. No es fácil militar en un partido político cuando se te ponen todos los vientos en contra y el temor a zozobrar es muy grande.

Nada tiene que ver con la religión, que es cuestión de fe. La militancia es cuestión de convicción y de coherencia con la propia manera de ver y querer que sea la sociedad.

Podría pensarse, queridos lectores, que mi artículo tiene la intención de versar sobre la leyenda clásica que narra la historia de Europa, joven fenicia de la que se enamoró Zeus, quien convertido en toro la raptó, hizo suya y cuyo nombre quedó unido a nuestro continente.

Sin lugar a dudas este tema sería más amable. Pero no, esta vez mi reflexión se viste de tintes más oscuros, relacionados con todo lo que en estos tiempos lleva sufrido este que llamamos el viejo continente.

Ésta es la frase tan conocida (para algunos la única) de Mariano José de Larra, periodista y escritor romántico que se pegó un tiro por amor (detalle que también hace que sea conocido como su frase).

Quizá para algunos sea una exageración o simplemente el fruto de unas circunstancias espacio temporales propias de la España del siglo XIX, en la que la mayoría de la ciudadanía era analfabeta.

Años después (bastantes) un poeta como Luis Cernuda apostilló, ampliando el continente y el contenido: «En España escribir no es llorar, es morir»

Las mujeres ocupamos, dígito arriba, dígito abajo, la mitad del planeta. Es decir que somos, en cuanto a numero de habitantes, equiparables.

Sí, sí, mis queridos lectores, seguro que estáis pensando que ya se me ve venir. Pues claro, como no aprovechar las fechas en que estamos para hablar del papel que las mujeres tenemos en esta sociedad, ahora, y el que debemos ocupar.

Todos, o casi todos conocemos la fábula de la cigarra y la hormiga, que dicho sea de paso es uno de los ejemplos de insolidaridad más grandes que conozco. Sí, esa que cuenta como la laboriosa hormiga dedica el buen tiempo veraniego a almacenar comida, mientras que la ociosa cigarra canta y se divierte como si fuera un perroflauta cualquiera, hasta que llega el frío y solicita la caridad desoída del pequeño animalejo.

Vivimos en un país hipócrita. Sí, mis queridos lectores, así es. Un país que esconde sus verdaderas intenciones y disfraza de bondad sus acciones en aras de una intencionalidad espuria.

Sé que no es un buen planteamiento para este primer mes del año, que se suele dedicar a los buenos propósitos: ir al gimnasio, dejar de fumar o leer cinco libros al menos. Pero es que la realidad es tozuda y emerge para ratificar esto que afirmo: vivimos un tiempo absolutamente esquizoide.

¿Por qué? Os preguntaréis, con razón. Pues permitidme que en unas pocas líneas intente explicarme.

Siete y media de la mañana del martes 8 de noviembre de 2016. Abro los ojos.

La radio, conectada al despertador, anuncia la posible victoria de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos de América. El estómago me da un vuelco.

Quo usque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? quam diu etiam furor iste tuus nos eludet? quem ad finem sese effrenata iactabit audacia?

“¿Hasta cuándo has de abusar de nuestra paciencia, Catilina? ¿Cuándo nos veremos libres de tus sediciosos intentos? ¿A qué extremos sé arrojará tu desenfrenada audacia?”

Aquellos que seguís mis andanzas en las redes sociales sois conocedores de lo intenso de mi actividad durante la pasada campaña electoral como militante del partido socialista.

Confieso que he acabado agotada de debatir, sobre todo en Facebook, con tirios y troyanos, porque en ocasiones era como hablarle a un muro. Y no quiero que esto se interprete como si, peyorativamente, señalara la estulticia de mis interlocutores, sino que, simplemente, se habían pertrechado tras unas consignas repetidas hasta la saciedad, convirtiéndolas en una muralla inexpugnable.

Escribo este artículo completamente conmocionada por la muerte de la diputada laborista Jo Cox, y cuando todavía resuenan los ecos en los noticiarios de la matanza de Orlando.

Os diré, mis queridos lectores, que estoy francamente preocupada por la violencia, explícita o soterrada, en la que estamos viviendo.

Solemos tener la extraña manía de considerar que aquello que no nos rasca el bolsillo no tiene valor. Tal vez porque a menudo confundimos valor con precio.

Y algo así nos está pasando con el tema de la corrupción, cuyo foco está en aquellos que se han llevado el dinero público o los favores para medrar.

En mi opinión se está dando otro tipo de corrupción tan grave como aquella que señalamos, que es la de la manipulación, fundamentalmente informativa.

Así cantaba el grupo Mecano en los ochenta. Un paraíso que se montaban en su piso, no sabemos si por falta de recursos o por aquello de la rima.

El paraíso, ese lugar que los que ya tenemos una edad suficiente relacionamos con Adán y Eva, el pecado original y el inicio del sexo.

Ya llevo tiempo sumida n un auténtico estupor. Mi capacidad de asombro a diario no tiene límites. A veces pienso que, de tanto imaginar, me he colocado fuera de la realidad.

A lo largo de mi vida, que ya va siendo larga, han ido anidando en mí tres pasiones: la empresa, la política y la cultura, no necesariamente en este orden. Y, también, he tenido la oportunidad y la fortuna de poder desarrollar estas tres actividades.

A veces los defectos son como el culo, que solo nos lo pueden ver en toda su amplitud los demás.

Extraña reflexión, pensaréis mis queridos lectores.

Bueno, no tan rara. Hay que reconocer que es muy complicado vernos esa parte del cuerpo de una manera clara y sencilla, so pena de ser la niña de El exorcista y poder girar la cabeza hasta límites inhumanos. De eso sabemos mucho las mujeres ante la situación de tener que comprar pantalones y ver si se ajustan de manera adecuada a nuestro trasero. Por eso la mayoría de las veces pedimos opinión a otra persona - que suele ser la amiga paciente que nos acompaña- a la que concedemos la responsabilidad de comentarcómo nos sientan.

Andaba yo muy tranquila estos últimos tiempos con mi literatura, con la promoción de mi nueva novela, interesada en la política lo justo y necesario, cuando los últimos sucesos me han sacado de mi retiro escritural.

No es que me haya mantenido al margen absolutamente del proceso de elecciones generales, sino que no me he metido a fondo, como en otras ocasiones. Hasta ahora. Es lo que ocurre cuando a una la ponen el capote delante, que como soy brava por naturaleza, aunque a veces añore pastar bajo un árbol, no me queda más remedio que embestir.

He de confesar que estoy siguiendo esta campaña electoral a ratos. Tampoco vi completo el “debate definitivo”, a pesar de la lata, la tabarra, la turra (se me acaban los sinónimos) que nos dieron los medios de comunicación., con el previo, el después y “la madre del cordero”.

Escribo este artículo el 12 de noviembre, cinco días después de celebración de la marcha en Madrid contra la violencia de género. Desde entonces cinco mujeres han muerto a manos de sus parejas.

La sensación es que, como si de la Hidra de Lerna se tratara, se ha producido un rebrote de repugnantes cabezas que a dentelladas acaban con la vida de inocentes.

La sorpresa de la convocatoria de las elecciones generales el 20 de diciembre ha dado paso a la sospecha y esta a la certeza de que algo torticero se esconde detrás.

Una, que como ya he repetido en múltiples ocasiones, tiene a sus espaldas experiencia, dada sin lugar por los años, sabe que en política nunca se da puntada sin hilo, y que todas las maniobras se efectúan con un fin determinado, fin que siempre justifica los medios.


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