www.estedemadrid.com
Del 19 al 25 de junio de 2017     

BLOGS > Salud y Vida Cotidiana

Según nos relata la historia al emperador Julio César le daba miedo la noche, al rey Enrique II de Francia le asustaban los gatos y a la reina Isabel II le aterrorizaban las flores.

El miedo a la oscuridad parece ser un miedo de la humanidad desde los comienzos. El hombre se protegía del ataque de los animales feroces durmiendo alrededor de una hoguera ya que las fieras no se acercaban al fuego, de esta manera la luz quedaba fijada como una protección contra un ataque mortal.

Generalmente se tiende a considerar que la fobia es un miedo al que se suele tildar de inexplicablemente intenso e irracional ante una situación, una escena, un objeto, un animal, etc.

No vamos a negar la exactitud de esta descripción, aunque sí vamos a intentar intercalar ciertas precisiones sobre otro elemento a tener en cuenta para comprender mejor el mundo fóbico. Ese otro elemento es la angustia, que no es un sentimiento –como el miedo- ni una emoción, sino un afecto.

Hace pocos días se publicó una encuesta realizada en nuestro país, cuyos resultados más llamativos señalaban que cerca del 50% de la población española estaba a favor de algún castigo físico a los hijos, considerando que forma parte de la educación.En los días siguientes se sucedían en las emisoras de radio tertulias donde expertos educativos expresaban su opinión más o menos horrorizada: comentaban que bajo ningún concepto se debía pegar a un hijo, que estos temas familiares había que arreglarlos con explicaciones, comprensión y diálogo. Puedo estar de acuerdo en esta posición, aunque en ella asoma un aire voluntarista que lamentablemente no alcanza para cambiar las cosas.

Pensar en demasía suele verse como un rasgo propio de las obsesiones. Esto es así si se describe al neurótico como alguien enfrascado en sus pensamientos. Sin embargo, este aspecto no atiende a lo crucial: la duda obsesiva no es una actitud enrevesada, sino el afán de disolver el carácter de acto que tiene el pensamiento.

No hay que olvidar que la frase: "Una imagen vale más que mil palabras", realza la imagen gracias a las palabras.

Durante la última década todos hemos presenciado el vertiginoso avance tecnológico y el creciente uso de los dispositivos móviles, posibilitando una conexión con el mundo absolutamente novedosa y enriquecedora. En el terreno de las comunicaciones se acabaron los tiempos de espera, ya nadie aguarda la llegada de una carta por correo postal y con la aplicación WhatsApp podemos saber de inmediato, después de enviar un mensaje, si el destinatario lo recibió, lo ha leído y hasta si está escribiendo una respuesta.

No es por entonar un himno al amor o a la genitalidad que Freud afirma que: “el amor sexual genital asegura al hombre las más poderosas vivencias de satisfacción”. Es más bien una sucinta constatación, el amor aparece encabezando el examen de los métodos para lograr la felicidad; encontramos entonces esa dirección de la vida que toma el amor como punto central, y espera la máxima satisfacción del amar y el ser amado.

Se aproximan las Fiestas, celebraciones que se distinguen por muy precisas particularidades: las Navidades revisten un carácter íntimo y familiar; en cambio la llegada del Año Nuevo es más expansiva y desbordante, aunque ambas cargan siempre con el balance -explícito o no- de todo un año.

Cuántas veces hemos escuchado decir que el psicoanálisis “todo lo explica por la sexualidad”. Un prejuicio que suele venir montado en otro que es adjudicar a la espontaneidad un valor de verdad, cuando lo más espontáneo es el prejuicio y no lo transparente de nuestro pensamiento.

Por eso me gustaría plantear en este breve artículo algunas consideraciones sobre la diferencia entre sexo y sexualidad que ayuden a deshacer la fusión compulsiva entre genitalidad y sexualidad.

La angustia, a veces el dolor y la tristeza no son sino condimentos normales de toda vida interesante. Sin embargo, también la tristeza, la angustia, el dolor, llevan en ocasiones a la mutilación, a la enfermedad y a la muerte.

Es notable que nunca se nos ocurra considerar como un estado patológico la reacción de una persona ante la pérdida de lo muy amado. La vemos deprimida, aunque logra temporalmente distraerse, pero confiamos en que al cabo de un tiempo esta reacción desaparecerá por sí sola y juzgamos inadecuado e incluso perjudicial perturbarla.

Cada uno de los actos, orientaciones y decisiones que damos a nuestra vida, aún los más inocentes, responden a frases, ideas y prejuicios que son desconocidos, inconscientes, para nosotros mismos. De esta manera debemos reconocer que, lo recordemos o no, en los primeros años tuvimos una gran curiosidad corporal y un afán por averiguar lo que nuestros padres hacían para tener hijos.

Un novelista refiriéndose a los niños menciona “su egoísmo natural y sistemático, su desconocimiento original de la ley, su amoralidad absoluta, lo que obliga a una educación agotadora y casi siempre infructuosa”.

Esta “amoralidad” de los niños se muestra en su capacidad para transgredir el pudor y la vergüenza.

Está a punto de llegar el momento tan deseado y esperado por los niños: las vacaciones escolares. Ocurre que mientras que los pequeños comienzan con fundada expectativa este paréntesis en la rutina cotidiana, para muchos padres se avecina una larga y complicada época, mientras resuena la insistente pregunta: Y ahora... ¿Qué hacemos con los niños?
Según la Organización Mundial de la Salud, “los trastornos depresivos que son en la actualidad la cuarta causa de muerte y discapacidad a escala mundial, ocuparán el segundo lugar, después de las cardiopatías, en 2020”. En estos últimos años, algunos teóricos de la salud no han vacilado en considerar la depresión como una verdadera “enfermedad social”.

Hace ya más de quince años que terminó el Servicio Militar Obligatorio en nuestro país, el popularmente conocido como "mili". De ahí que nuestros jóvenes solo conocen esa experiencia, a través de lo que sus padres y abuelos les cuentan: una experiencia necesaria para hacerse hombres y aprender a tolerar el rigor mordiéndose los labios, en silencio. Sin llorar, jamás.

“El hombre es el único animal al que la época de celo le dura todo el año”, decía Enrique Jardiel Poncela allá por la década de 1920.

La ocurrencia del escritor español evoca su aguda percepción del doble carácter de nuestra especie: animal y humana, y del hecho de que por ello nuestra sexualidad no se constituye ni funciona estrictamente sometida a las leyes de la naturaleza, y tampoco a las leyes que las sociedades humanas establecen.

La ideología es el tiempo donde se desarrollan los hechos de la vida, dicho de otra manera, es el tiempo de las creencias. Por ejemplo, "si pienso, existo" o bien "si siento, soy humano". Para creer en estas aseveraciones nos bastaría con recurrir a la experiencia sensible que nos ofrecen nuestros sentidos cuando "creemos" ver al Sol girando alrededor de la Tierra. Eso es lo que vemos, sin duda, pero no es lo que, en verdad, ocurre.

Sabemos de la relación problemática que tenemos con nosotros mismos. Y en esta relación, en el modo en que nos relacionamos con nosotros mismos, podemos encontrar el sentido de nuestros síntomas, tanto en el amor, en la familia, como en los estudios y en el trabajo.
El rechazo a sí mismo es lo que le plantea al sujeto un problema.

Silvia tiene tres años. Desde los dos aprende francés, por deseo de su madre. Acaban de volver de un viaje a Francia para visitar a su abuelo y, además, para que la niña se familiarizara con el idioma. "El viaje estuvo muy bien, pero Silvia no dijo ni una palabra en francés", dice, enfadada, su madre.

Hay padres que esperan mucho de sus hijos. A veces, demasiado. Más de lo que los niños pueden o quieren a una edad donde lo más divertido para ellos es jugar. Y no faltan los que se empeñan en que sus hijos sean los mejores, cueste lo que cueste, con la violencia que genera el hecho de obligarles a seguir pautas muy rígidas.

Hace poco me enteré de que hay adultos (en su mayoría hombres) que se comportan como tales durante el día: se duchan, se peinan, van a trabajar después de desayunar, hasta que llega la noche y se convierten en "adultos bebé".

Son adultos autosuficientes que gustan ser tratados como bebés: les gusta llorar cuando tienen hambre, duermen en cunas a su medida, usan chupete o piden caricias maternales, adultos que quieren ser tratados como bebés. "Me devuelve a esa época en la que no había estrés", declaró uno de ellos.

Actualmente podríamos llegar a decir que las parejas ya no son lo que eran. Si hace unas décadas los modos amorosos de relacionarse estaban pautados socialmente y el camino a seguir era el noviazgo, luego el compromiso y más tarde el casamiento. Hoy, en cambio, las parejas funcionan de otra manera: deben decidir sobre cuestiones que antes corrían sobre carriles establecidos, por ejemplo, discutir y ponerse de acuerdo sobre el modo de convivencia, si pasan o no por los pasos legales y/o religiosos correspondientes y, en el caso de régimen matrimonial, cuál será su economía: bienes gananciales o separación de bienes.


Portada | Hemeroteca | Búsquedas | [ RSS - XML ] | Política de privacidad y cookies | Aviso Legal
Revista Este de Madrid :: 2012 :: Edita Portal Este de Madrid, S.L. :: Calle Mariano Barbacid, 5 :: 28521 Rivas Vaciamadrid :: T. 91 670 2236 Contacto
Cibeles.net, Soluciones Web, Gestor de Contenidos, Especializados en medios de comunicación.EditMaker 7.8
0,716796875