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Del 11 al17 de diciembre de 2017     

BLOGS > Salud y Vida Cotidiana

Siempre hay algo extraño en el intento de realizar afirmaciones generales acerca de la vida amorosa. Después de todo, el enamorado suele reconocerse en una situación excepcional. Así, por ejemplo, se suele afirmar el carácter solitario del sujeto que busca hablar del amor: el discurso amoroso es hoy de una extrema soledad. Es un discurso hablado tal vez por miles de personas (¿quién lo sabe?), pero al que nadie sostiene; está completamente abandonado por los lenguajes circundantes.

Cuántas veces hemos escuchado decir que vivimos mejor que nuestros antepasados. Aunque sobre la veracidad de esta afirmación no haya duda, la enfermedad sigue oscureciendo el devenir del ser humano como en las épocas más remotas.

Con enfermedad nombro tanto a las afecciones psíquicas como a las somáticas, pues hoy en día en muchas enfermedades somáticas podemos reconocer su raíz psíquica y no es posible trazar un límite claro entre ambas, aunque sí podamos confirmar la existencia de una relación de reciprocidad. Los psicoanalistas lo sabemos. Los médicos también.

La moral y la felicidad, antes enemigas irreductibles, se han fusionado; actualmente resulta inmoral no ser feliz. Allí donde se sacralizaba la abnegación y la privacidad tenemos ahora la evasión, la violencia mediática y la frivolidad. La dictadura de la euforia sumerge en la vergüenza a los que sufren. No sólo la felicidad constituye, junto con la espiritualidad, una de las mayores industrias de la época, sino que es también el nuevo orden moral.

Una gran parte de la población padece en silencio algún tipo de miedo o fobia que supone una gran limitación en su vida. Podría ser el caso de los que dicen: "ahora ya no salgo a desayunar fuera", "estoy más tranquilo en casa, hay menos ruido" o "así el desayuno me sale más barato". Estas son las excusas que una persona fóbica se impone en el curso del tiempo. Es decir, lo que en sentido corriente podría interpretarse como un deseo de cuidar el dinero, en realidad, nos está hablando de cómo el síntoma que padece va ganando terreno.

Ambroise Paré, uno de los principales impulsores de la cirugía del Renacimiento solía decir: "Yo lo atendí, Dios lo sanó". En otro ámbito, Giaccomo Puccini cuenta que la inspiración de la que surgió Madame Butterfly le fue dictada por Dios: “Yo fui simplemente el instrumento que la asentó en el papel y la transmitió al público”.

Según nos relata la historia al emperador Julio César le daba miedo la noche, al rey Enrique II de Francia le asustaban los gatos y a la reina Isabel II le aterrorizaban las flores.

El miedo a la oscuridad parece ser un miedo de la humanidad desde los comienzos. El hombre se protegía del ataque de los animales feroces durmiendo alrededor de una hoguera ya que las fieras no se acercaban al fuego, de esta manera la luz quedaba fijada como una protección contra un ataque mortal.

Generalmente se tiende a considerar que la fobia es un miedo al que se suele tildar de inexplicablemente intenso e irracional ante una situación, una escena, un objeto, un animal, etc.

No vamos a negar la exactitud de esta descripción, aunque sí vamos a intentar intercalar ciertas precisiones sobre otro elemento a tener en cuenta para comprender mejor el mundo fóbico. Ese otro elemento es la angustia, que no es un sentimiento –como el miedo- ni una emoción, sino un afecto.

Hace pocos días se publicó una encuesta realizada en nuestro país, cuyos resultados más llamativos señalaban que cerca del 50% de la población española estaba a favor de algún castigo físico a los hijos, considerando que forma parte de la educación.En los días siguientes se sucedían en las emisoras de radio tertulias donde expertos educativos expresaban su opinión más o menos horrorizada: comentaban que bajo ningún concepto se debía pegar a un hijo, que estos temas familiares había que arreglarlos con explicaciones, comprensión y diálogo. Puedo estar de acuerdo en esta posición, aunque en ella asoma un aire voluntarista que lamentablemente no alcanza para cambiar las cosas.

Pensar en demasía suele verse como un rasgo propio de las obsesiones. Esto es así si se describe al neurótico como alguien enfrascado en sus pensamientos. Sin embargo, este aspecto no atiende a lo crucial: la duda obsesiva no es una actitud enrevesada, sino el afán de disolver el carácter de acto que tiene el pensamiento.

No hay que olvidar que la frase: "Una imagen vale más que mil palabras", realza la imagen gracias a las palabras.

Durante la última década todos hemos presenciado el vertiginoso avance tecnológico y el creciente uso de los dispositivos móviles, posibilitando una conexión con el mundo absolutamente novedosa y enriquecedora. En el terreno de las comunicaciones se acabaron los tiempos de espera, ya nadie aguarda la llegada de una carta por correo postal y con la aplicación WhatsApp podemos saber de inmediato, después de enviar un mensaje, si el destinatario lo recibió, lo ha leído y hasta si está escribiendo una respuesta.

No es por entonar un himno al amor o a la genitalidad que Freud afirma que: “el amor sexual genital asegura al hombre las más poderosas vivencias de satisfacción”. Es más bien una sucinta constatación, el amor aparece encabezando el examen de los métodos para lograr la felicidad; encontramos entonces esa dirección de la vida que toma el amor como punto central, y espera la máxima satisfacción del amar y el ser amado.

Se aproximan las Fiestas, celebraciones que se distinguen por muy precisas particularidades: las Navidades revisten un carácter íntimo y familiar; en cambio la llegada del Año Nuevo es más expansiva y desbordante, aunque ambas cargan siempre con el balance -explícito o no- de todo un año.

Cuántas veces hemos escuchado decir que el psicoanálisis “todo lo explica por la sexualidad”. Un prejuicio que suele venir montado en otro que es adjudicar a la espontaneidad un valor de verdad, cuando lo más espontáneo es el prejuicio y no lo transparente de nuestro pensamiento.

Por eso me gustaría plantear en este breve artículo algunas consideraciones sobre la diferencia entre sexo y sexualidad que ayuden a deshacer la fusión compulsiva entre genitalidad y sexualidad.

La angustia, a veces el dolor y la tristeza no son sino condimentos normales de toda vida interesante. Sin embargo, también la tristeza, la angustia, el dolor, llevan en ocasiones a la mutilación, a la enfermedad y a la muerte.

Es notable que nunca se nos ocurra considerar como un estado patológico la reacción de una persona ante la pérdida de lo muy amado. La vemos deprimida, aunque logra temporalmente distraerse, pero confiamos en que al cabo de un tiempo esta reacción desaparecerá por sí sola y juzgamos inadecuado e incluso perjudicial perturbarla.

Cada uno de los actos, orientaciones y decisiones que damos a nuestra vida, aún los más inocentes, responden a frases, ideas y prejuicios que son desconocidos, inconscientes, para nosotros mismos. De esta manera debemos reconocer que, lo recordemos o no, en los primeros años tuvimos una gran curiosidad corporal y un afán por averiguar lo que nuestros padres hacían para tener hijos.

Un novelista refiriéndose a los niños menciona “su egoísmo natural y sistemático, su desconocimiento original de la ley, su amoralidad absoluta, lo que obliga a una educación agotadora y casi siempre infructuosa”.

Esta “amoralidad” de los niños se muestra en su capacidad para transgredir el pudor y la vergüenza.

Está a punto de llegar el momento tan deseado y esperado por los niños: las vacaciones escolares. Ocurre que mientras que los pequeños comienzan con fundada expectativa este paréntesis en la rutina cotidiana, para muchos padres se avecina una larga y complicada época, mientras resuena la insistente pregunta: Y ahora... ¿Qué hacemos con los niños?
Según la Organización Mundial de la Salud, “los trastornos depresivos que son en la actualidad la cuarta causa de muerte y discapacidad a escala mundial, ocuparán el segundo lugar, después de las cardiopatías, en 2020”. En estos últimos años, algunos teóricos de la salud no han vacilado en considerar la depresión como una verdadera “enfermedad social”.

Hace ya más de quince años que terminó el Servicio Militar Obligatorio en nuestro país, el popularmente conocido como "mili". De ahí que nuestros jóvenes solo conocen esa experiencia, a través de lo que sus padres y abuelos les cuentan: una experiencia necesaria para hacerse hombres y aprender a tolerar el rigor mordiéndose los labios, en silencio. Sin llorar, jamás.

“El hombre es el único animal al que la época de celo le dura todo el año”, decía Enrique Jardiel Poncela allá por la década de 1920.

La ocurrencia del escritor español evoca su aguda percepción del doble carácter de nuestra especie: animal y humana, y del hecho de que por ello nuestra sexualidad no se constituye ni funciona estrictamente sometida a las leyes de la naturaleza, y tampoco a las leyes que las sociedades humanas establecen.


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