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Aserciones sobre la Felicidad (Epílogo y algo más, II)


(En realidad no sé por qué estoy escribiendo esto, no sé si me hace bien contar mis intimidades. Cuando uno escribe lo hace por necesidad, supongo. Lo hace porque necesita comunicarse. Pero luego llegan gentes que no transmiten buenas vibraciones. Empiezan a llamarte los periodistas, los académicos y los eruditos, los funcionarios y algunas autoridades, todos los interesados, para invitarte a que cuentes lo bonito que escribes y cómo lo escribes y cuáles son tus métodos y tus ideas.
Aserciones sobre la Felicidad (Epílogo y algo más, II)

¿Métodos?, ¿ideas?, ¿se pueden atrapar los sentimientos con fórmulas y con normas?, ¿se pueden aplastar con la razón? ¿Puedo expresar con sensatez los secretos del corazón? Porque yo no tengo ideas, –ni tenerlas deseo-, solamente busco la complicidad de tu amistad, tu confianza. Y te dan unas cuantas palmaditas en la espalda o te estrechan la mano o pierden el culo por hablar un rato contigo, ansiosos y ávidos de emociones fuertes que ellos imaginan… ¿Emociones fuertes? , yo no puedo proporcionarles eso. Y no paro de escuchar estupideces…, pero no pueden despertar mi interés con sus artimañas, no podrían comprar mi alegría con lo que ofrecen, ni con su dinero (en cambio tú, con una mirada o dos palabras, me sacas una sonrisa). Y entonces aparecen la vanidad y las dudas, y no sé si hago bien en dejar dicho lo que pienso por escrito o me estoy engañando a mi mismo. Me dan ganas de vomitar. No quiero que lo nuestro se ensucie con unas cuantas mentiras, pero no estoy seguro de lo que hago ni de por qué lo hago. No sé si soy honesto. Todo esto es un absurdo. Espero que me entiendas, es difícil explicarlo. No tengo nada interesante que decirles y no quiero perder mi tiempo con ellos. No me gusta. Yo, simplemente, quiero ser feliz así, sentado junto a ti, escuchándote, conversando sobre nuestros problemas sencillos, nuestros miedos y secretos, tus anhelos e ilusiones, nuestras experiencias más profundas; oyendo tus tonterías, riéndonos a ratos y otras veces concentrados en lo que decimos. A veces llorando juntos. O estando callados, en silencio, simplemente sentados el uno junto al otro, aquí, perdiendo el tiempo. Mirando a dos puntos del infinito ocultos tras los árboles del parque. Traspuestos tras los edificios de enfrente, tras esos coches aparcados…, tras estas paredes. Dos puntos en el infinito tan imprecisos y lejanos que, seguramente, no conducirán a nada. Pero es hermoso mirarlos. Yo no alcanzo a ver el tuyo y tú no puedes comprender el mío, pero es bonito mirarlos juntos. Es maravilloso estar aquí hablando contigo, con un único testigo: el viento del norte. Estar aquí, hablando contigo con un único testigo: el silencio de esta habitación).

Todo el mundo quiere que alguien le escuche. Solamente eso. Tener un amigo que le preste atención. O unos cuantos. Pero al menos uno. Es triste la soledad.

(No tengo nada ni soy nadie, pero todo lo comparto. No tienes nada pero lo tienes todo. Compartimos alegrías y penas, sentimientos intensos. No juzgamos ni comparamos, aprendemos a vivir con nuestras pequeñas decepciones cotidianas, con nuestros pequeños fracasos. Es fascinante. Se te ve tan feliz que da gusto verte así. La esencia de la felicidad es caótica, siempre está detrás de la piel. ¿Quién se atreve a descifrar la naturaleza de las cosas? Una cara bonita, una cara surcada de arrugas. Lo mío es tuyo. Aquí lo tienes.)

Las cosas más importantes de mi vida caben todas en la palma de la mano. Son recuerdos y vivencias, son sentimientos. A veces, simplemente son sueños.
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    Últimos comentarios de los lectores (2)

    135 | Rosa F. Requejo Arnáiz - 11/06/2013 @ 12:47:45 (GMT+1)
    A mi también me ha emocionado mucho todo el relato. Volvemos a ser como niños, inocentes y felices. Me hace pensar en el pasado, me hace recordar y ser feliz, me enseña a apreciar lo natural.
    133 | Anabella Ruz - 08/06/2013 @ 15:42:35 (GMT+1)
    Me emociona. Me hace llorar de felicidad. Expresa lo que sentimos y no nos atrevemos a decir. O no sabemos expresarlo.
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