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Aserciones sobre la felicidad (III)

Y en menos de un segundo caes en la cuenta. La sensación de que estás viviendo momentos irrepetibles, una situación muy importante para ti, es terrible, opresora, aunque a su vez hace que vivas con más intensidad cada instante. Eso es la felicidad: unos días, unas horas, un rato…, sin más, así, a lo tonto. Es algo personal o, como mucho, compartido con otra persona (rara vez por más, pero también); compartido de manera bien distinta por cada cual –eso es seguro- pero al fin y al cabo, compartido.
Se despiertan sentimientos ambiguos, confusos e inquietantes –siempre peligrosos-, de tal nivel emocional y mental que se logran alcanzar cotas impensables. Incluso se llegan a atisbar insondables abismos de nuestra psique (otros creerán reparar en el alma). Éxtasis, plenitud, delirio, arrebato ¿cómo denominarlo? En ocasiones llegas más lejos: sobrepasas los límites conocidos de tu propia capacidad y ni siquiera puedes definir medianamente bien lo que sientes. (Bebes de una pócima extraordinaria que te catapulta al Edén; el ánimo abraza fervorosamente la coyuntura. Como una droga.) Cuando sucede entre dos personas que consiguen alcanzar en algún aspecto una complicidad profunda, íntima y particular, aflora el hechizo de luna y emerge una sensación tan extraña como maravillosa de embriaguez. Dos seres alcanzando juntos la gloria provocan un trastorno monumental en el cosmos -mucho más aparatoso si cabe-, destrozando todas las leyes físicas lógicas y desafiando a la mismísima eternidad. (Provocamos la envidia de los dioses que, por eso mismo, jamás nos dejarán descubrir dónde reside la felicidad.) Somos actores de una obra sin guion. Autómatas mudos, ciegos y sordos. Marionetas.
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  • Aserciones sobre la felicidad (III)

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    173 | Marbel - 18/10/2013 @ 22:48:11 (GMT+1)
    La envidia de los dioses y la mía, jeje. La felicidad es real cuando se comparte, eso decía en la película Hacia Rutas Salvajes, una película con la me identifiqué mucho por cierto, me recordaba mucho a mi el protagonista. Estoy de acuerdo, cuantas veces he echado de menos a esa persona especial con quién compartir mis viajes. Pero también estoy de acuerdo con otras palabras que oí a un maestro mexicano: las relaciones no están para hacernos felices, sino para aprender. Creo que uno antes debe a aprender a ser feliz por uno mismo si quiere llegar a ser feliz con los demás. Difícil tarea, no todos lo consiguen, pero eso es también libertad (lo contrario es codependencia).
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