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Dentro de pocos días se va a cumplir el setenta y cinco aniversario de la proclamación de la segunda república española. Después de tanto tiempo es hora de hacer un balance de lo que significó para todos ese evento.
Esta democracia tiene ciertos tics que deberíamos superar. Uno de ellos es la intocabilidad de la Monarquía. Sin papeles firmados, sin acuerdos previos, existe un pacto subliminal, salvo excepciones muy minoritarias, entre medios de comunicación, partidos políticos, grupos de poder, y hasta ciudadanos en general, por el que no se puede hablar mal de la monarquía, por el que esa institución es buena “por naturaleza divina”, por el que la crítica es “un atentado democrático”.
Ya está bien. ¿Dónde están esos defensores a ultranza de la libertad de expresión cuando se trata de hablar del monarca y su familia? Ya es hora de hablar de la República como institución posible en el Estado español. Si, ya sé que se dirá que no es una prioridad, que el rey no lo está haciendo mal, que la mayoría de la gente prefiere la Monarquía. Pero no, con esa retahíla hemos llegado a contar con una institución inatacable y a postergar un principio que responde a un derecho esencial democrático: la elección del Jefe del Estado. Si, ya sé que se dice que al rey le hemos votado al aprobar la constitución, y al principe... y a Leonor... y a quien venga después. También se comenta que el rey lo hace bien y que si se presentara a una elecciones las ganaría; pues que se presente y gane por derecho humano lo que ahora le confiere el derecho divino.
Todos tenemos derecho a defender lo que creemos. Todos, no sólo los monárquicos. Qué menos que recuperar la memoria de esa segunda República de la que es heredero nuestro actual Estado social y democrático de Derecho y que se abortó por ir en contra de las costumbres más rancias y obsoletas de nuestra historia. Se malogró por la derecha y el ejército, entre varios motivos, por:
• Implantar el sufragio universal (extender el voto a las mujeres).
• Extender el acceso a la educación y la cultura a todas las clases sociales.
• Apostar por el Estado laico en contra del Estado confesional.
• Descentralizar administrativa y políticamente el país.
Ha llegado la hora de reconocer esos valores que quedaron truncados por la fuerza, durante más de cuarenta años. Afortunadamente, este gobierno municipal, con su sensibilidad ya demostrada anteriormente, aprobó una moción en la que se promueven actos en conmemoración de la segunda República y se insta al gobierno de la Nación a promulgar la Ley de Restitución de la Memoria de los represaliados, víctimas del franquismo, por luchar por la democracia. Desgraciadamente con el voto en contra del Partido Popular local.
Lo grave de ese voto en contra, fueron las justificaciones dadas. Siguiendo una línea acebeszaplanista –no sé si calificarla mejor de aznarrajoyista— sólo se dijeron barbaridades que, tomadas aisladas, lo único que sugerían era la explicación justificada del golpe de Estado. Es verdad que no se habló de golpe, pero bastaba escuchar cuán “demoníaca” fue la República para entender que había que cambiarla a cualquier precio, a pesar de que en Febrero de 1936 el pueblo volviera a rubricarla con su voto mayoritario.
Sería muy aleccionador que se sacaran copias de la intervención del Sr. Bermejo, portavoz del partido popular, en el pleno que se presentó la moción. Además de dar vergüenza ajena, esa incultura histórica y ese sectarismo fascistoide, parece impúdico y desvergonzado que alguien tergiverse la historia como discípulo de seudo-historiadores del tipo de Pío Moa. Aunque sólo fuera en honor a los muertos y a los pocos vivos que quedan, que sufrieron la represión, hubiera sido mejor que votaran lo que quisieran, también que no, sin falsificar la historia. Para colmo, hoy mismo, tres de marzo, me entero de que en la Asamblea de Madrid se ha aprobado “por unanimidad” (o sea incluido el P.P.) una moción a favor de la memoria de la segunda república. ¿No les dará vergüenza, a estos señores del P.P. de Rivas, ser más papistas que el papa? ¿Es que ninguna de las dos facciones enfrentadas que existen en el P.P. local va a salir a escena oponiéndose a este dislate?
Creo que ha llegado el momento de hacer justicia histórica, de reconocer el papel relevante de la segunda República en nuestra historia. Por eso y porque es una cuestión de principios, espero pronto, con impaciencia, la llegada de la tercera República.
Salud y República.
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