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Por Francisco Mayoral
Arroz y Tartana
Óptimo condimento de la comida es el hambre
CICERÓN
¿Se imagina que acude a la boda de unos amigos o familiares y a la salida del templo les rocía de forma generosa con petróleo? Por supuesto que resultaría una barbaridad y sería calificado de loco. Puede que alguno le tachara de presuntuoso o egoísta, pues dado los precios del precioso líquido derramarlo de manera impune sería hasta denunciable. Occidente y sus mecanismos de mantenimiento y desarrollo, andan preocupados entre las escasez del combustible, la especulación que gira en su entorno y la derivación e incremento que supone en todos los precios su poca dudosa conversión en el patrón oro o de cambio que gobierna nuestro sagrado estado del bienestar.
Pues bien, este problema que sin duda acapara portadas, páginas de economía y presupuestos domésticos, puede quedar diluido ante otro problema aún mayor y que sin duda puede desequilibrar el normal devenir entre la abundancia y la escasez de lo más importante para el ser humano: la alimentación.
Si volvemos al ejemplo del principio, ¿se imagina alguien que en una boda ya sea en cualquier país asiático, africano o sudamericano, a modo de celebración u homenaje a los novios se les arrojara arroz a la salida de la celebración? Claro que no, lo mismo que nosotros utilizamos el petróleo para otros menesteres más productivos, en todas esas áreas del mundo, el arroz es el más precioso elemento con el que cuentan, no ya para su progreso o bienestar sino para poder comer y subsistir. Es decir, no lo desperdiciarán ni como declaración de afecto ni de forma simbólica alguna; aprovecharán para comérselo de cualquiera de las cientos o quizás miles de maneras de cocinarlo o condimentarlo que se conocen.
Sirvan estas líneas de comparación, tal vez un tanto banales entre dos productos básicos, para poner sobre el tapete la inminente alarma mundial que sobre la escasez de tan preciado elemento como es el arroz se cierne sobre las dos terceras partes de la población mundial: es decir, la cantidad de personas que dependen para comer, casi en exclusiva, de este cereal. En números redondos, más de tres mil millones de seres humanos
El arroz es algo así como el pan de nuestras mesas, el elemento alimenticio básico, de acompañamiento, de referencia, de guarnición y hasta de ornamento, que cultivan más de cien países de todo el mundo. La subida de los precios en más de un cien por cien, el acaparamiento de los países productores por miedo al desabastecimiento y la imposibilidad de los importadores por el cierre de su comercio, han generado una alarma de mucho más calibre que los reportajes publicados en nuestros medios de comunicación, más como atractivo exótico de lectura que como suceso de imprevisible recorrido.
El arroz es un certificado de seguridad más allá de nuestras fronteras de seguridad occidentales. Un pequeño cuenco de arroz al día sirve en muchos países como alimentación única diaria para sus habitantes. En cualquier mesa asiática, sudamericana o africana, el arroz es el plato principal. Se combina con la precariedad de la carne, de la verdura, de la legumbre, del pescado, de cualquier vegetal u hortaliza y se mezcla con una gama inimaginable de salsas. Y si en mesas parcas en alimentos el arroz es la estrella y en ocasiones protagonista único, no olvidemos que la más alta cocina internacional también lo utiliza para ennoblecer las cartas de sus restaurantes de más postín. Valga como muestra nuestra paella y sus innumerables formas; el pollo con arroz del Perú; el Moro de los países del Caribe, el Jambalaya y el Arroz Creole de los Estados Unidos; el Rissoto de Italia; el arroz mexicano o el arroz con sushi del Japón..
Organismos Internacionales como la FAO (la agencia alimentaria de la ONU) o el Banco Mundial, advierten que los altos precios en un producto tan básico puede desestabilizar la economía de muchos países, especialmente de los más pobres. Índices de precios, tasas de inflación, cotizaciones en Bolsa, balanza de comercio, PIB, Renta…se calculan por ejemplo, en Vietnam, la India, China, Senegal o Perú, en base a los sacos de arroz que o bien se producen, se importan o exportan.
Dice la tradición que arrojar arroz a los recién casados a la salida de la iglesia significa prosperidad y abundancia. Muy diferente para países donde esa abundancia se torna en escasez y necesidad. Así en China, la importancia de este elemento se demuestra en su saludo típico cuando en lugar de decir: “¿Cómo está?”, los chinos preguntan: “¿Ya comió arroz hoy?”. O en la India, cuando es el arroz el primer alimento que la recién casada le ofrece a su esposo.
¡Que vivan los novios¡ sí, pero sobre todo que pueden alimentarse para poder seguir viviendo.
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