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Por Francisco Mayoral   

Los renglones torcidos de dios

Perdónenme si les llamo caballeros, pero es que no les conozco muy bien”

GROUCHO MARX   

Y Mae West miró a su asombrado interlocutor y le soltó –“ ¿Tienes una pistola en el bolsillo o es que te alegras de verme? ”. No menos mordaz podía resultar Groucho Marx cuando afirmaba –”Estos son mis principios, si no les gustan, tengo otros”. También resulta inolvidable aquel delirante diálogo final de la película Con faldas y a lo loco entre Jack Lemon disfrazado de señorita y su enamorado Joe E. Brown, cuando éste le propone matrimonio y Lemon, le va poniendo impedimentos: -“¿pero es que no me comprendes?, ¡soy un hombre!.” –“Nadie es perfecto”, le contesta Brown. O esa inolvidable Ingrid Bergman de Casablanca: -“El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos”, le dice a Bogart.

Y ahora, los guionistas de Hollywood se han puesto en huelga, han cerrado la carpeta de las ideas, el libreto donde imaginaban estas frases anteriores y otros diálogos geniales y han dejado a los actores con rostro pero sin palabras. El mundo de la fantasía se derrumba, vuelve el cine mudo, actores y actrices sin un mal texto que llevarse a la boca. Es la catarsis de la alfombra roja, el glamour de las estrellas convertido en papel de fumar. Nadie habla ya. No hace falta la voz de director diciendo: -“silencio, se rueda”, porque nadie tiene nada que decir.

Actores y actrices en la gran metáfora de la vida, el guionista anónimo que escribe para que cada cual represente su papel, el que le corresponde o el que alguien, a priori, le tiene asignado. El Gran Hermano de Orwel observa quién ha de ser el o la protagonista; los actores secundarios; los malos y los buenos; los que han de morir o los que dicen la frase última genial mientras le dan el beso a su partenair al tiempo que la música invade el escenario y aparecen los títulos de crédito.

Nos imaginamos autosuficientes, independientes y autónomos en las decisiones que tomamos y jamás calculamos que alguien pueda escribir el diálogo de nuestra existencia, el camino que hemos de tomar y que de forma ilusa pensamos que es producto de una serena meditación, de la reflexión y el conocimiento.

Alguien ha decidido que estamos en crisis, verdad o mentira, quién de ustedes lectores lo sabe con certeza o se trata de conjeturas lanzadas por los que dictan nuestros comportamientos desde la sombra. Desde la cámara acorazada de un banco en este momento un banquero ambicioso traza las líneas maestras de lo que será el comportamiento inmediato de la ciudadanía: intereses, ahorro, endeudamiento, consumo. ¿Quién redacta y quiénes son los que recogen las ideas como fieles servidores y las ponen en circulación? Ese informativo que abre con un apuñalamiento o mejor decide que es el momento de inculcar en la gente la necesidad del estado de control permanente. Los grandes titulares de los periódicos anuncian el éxito o el fracaso inminente del candidato electoral. La botella medio llena o medio vacía en asuntos de Seguridad, de Educación, de Sanidad,… todo según el estado de ánimo del guionista que convoca a los espectadores en una u otra dirección.

En el Foro de Davos, en la última reunión de ese llamado G-8, en la sede de la Santa Madre Naciones Unidas, en las catacumbas de la diosa OPEP,...un grupo de amanuenses aplicados escribe cual será el guión inmediato, el título de la próxima película en forma de artículos y reportajes periodísticos. Y nosotros, fieles a la disciplina de la información, actuaremos según el libreto que antes otros desde la sombra redactaron.

El escribiente también elige a sus protagonistas, aquellos que merecerán nuestros elogios e insultos. Un estúpido Presidente de Gobierno o cualquier otra Institución a quien se utiliza como pim pan pum de las frustraciones colectivas; el dictador asesino que resulta condenado gracias a la justicia de la humanidad; la tragedia que arrasa y acaba con miles y millones de vidas; esa guerra cruel, tan necesaria o innecesaria según convenga al que escribe la partitura. Y nosotros, espectadores de pago que nos entregamos como corderos al fulgor de la pantalla y comulgamos con lo que nos ofrecen, entusiasmados en la

película que estamos viendo y por la que

pagamos su ticket en taquilla.

Igual que marionetas repetimos como papagayos el guión escuchado, visto o leído desde el tabernáculo de cualquier Medio de Comunicación. Guionistas conocidos de otros guionistas anónimos que nos indican qué pensar sobre tal o cual asunto y cuál es la línea a seguir que toca ahora.

Los actores de Hollywood se han quedado mudos. Ya no tienen quien ponga letra a su interpretación. Nosotros seguiremos con nuestra película, como protagonistas o secundarios según a alguien le convenga. Las palabras de Rick quedaron para la memoria colectiva: -“siempre nos quedará Paris”.

O lo que es lo mismo, la ilusión, la utopía de que algún día regresaremos y romperemos el guión preescrito y en el último momento perderemos el

avión que nos esperaba.

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