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Por Francisco Mayoral
Entre sábanas
Nada resulta tan bueno como parecía
(GEORGE ELIOT)
Me gusta el cine americano. Comienzo así para que no haya dudas sobre mis intenciones. Ese despliegue de medios, guionistas fenomenales, actores y actrices que han servido de referencia al resto de la humanidad.
Sin embargo, una de las cosas que más me ha cabreado desde siempre es la doble moral de sus películas en lo que respecta al sexo. La escena se repite en infinidad de largometrajes: la pareja de protagonistas aparece en la cama, los rostros satisfechos, resulta evidente que le han dado una buena alegría al cuerpo. Incluso se permiten echarse un cigarrillo en primer plano cuando aún no estaba prohibido ni mal visto. Están reclinados sobre la almohada, nadie duda que sus espléndidos cuerpos reposan exhaustos y desnudos bajo las sábanas, la lencería de ambos está esparcida sobre el suelo en una hábil ráfaga de cámara que nos permite imaginar más allá de lo que vemos.
De pronto, a uno de ellos le entran ganas de ir al baño, de calentarse un café o mirar por la ventana a ver qué día hace. Y no, no se levanta en pelotas como lo haría cualquier paisano que ustedes y yo conocemos o mejor dicho hacemos, sino que se tapa pudorosamente con la sábana, como si el otro, el que queda en el lecho, no hubiera recorrido manual y visualmente los recodos de su anatomía.
Recordando una de estas películas, en uno de tantos canales de la televisión, por otra parte magnífica en su argumento e interpretación, volví a experimentar esa mala leche que antes les comentaba. No obstante, y si lo piensan un momento muy a propósito de los tiempos que corren, podemos deducir de estas escenas bien una hipocresía evidente o tal vez una metáfora de la realidad circulante.
Observas a cierta clase política, a los banqueros, a tantos y tantos especialistas en la cosa económica, cómo nos argumentan razones de peso sobre la naturaleza del caos, de la crisis y del desparrame de nuestro sistema de bienestar, y piensas si en ese momento de su discurso, están aún entre las sábanas de su despacho, compartiendo con sus cómplices de latrocinio uno de sus revolcones sabrosos en ganancias y placer, o quizás se hayan levantado ya del catre y se han colocado la colcha para tapar las vergüenzas.
Son los amos del universo, controlan los mercados de la abundancia y del hambre, negocian con sus enemigos y se relamen en el placer de sudarios ajenos. Por la noche, con la luz apagada del anonimato, escarban sus más conspicuas intimidades e intercambian efluvios y ambiciones.
Tengo la sensación de que esos personajes que vemos en el telediario o en los periódicos, tan apañaditos en sus trajes, tan relamidos e interesados porque la sociedad funcione y todo vuelva a los cauces correctos, horas antes se han hinchado a fornicar a costa de nuestros intereses aunque ahora se oculten tras el cobertor.
Hemos pasado de ser el país de mayor desarrollo y derroche a que estén a punto de salvarnos y todo dicho en poco tiempo por los mismos protagonistas: ¿con sábanas o sin sábanas por medio? Ese banco amigo que nos animaba a pedir el mundo porque nos lo merecíamos, nos niega ahora el pan y la sal: ¿con sábanas o a pelo? Había trabajo en abundancia y para todos, animaron a que vinieran del otro lado del océano los mismos que ahora les cuestionan y animan a que se vayan: ¿con sábanas o sin sábanas tapando las vergüenzas? En los Ayuntamientos, Comunidades o similares, han pasado en unos meses de presumir a ver quién la tiene más larga, a intentar demostrar que no hay nadie más austero que ellos: ¿con sábanas o prefieren que la cámara enfoque en el momento de levantarse la mirada lujuriosa del que queda en el tálamo?
Acabamos de elegir nuevo gobierno. Los protagonistas han demostrado con creces su valía bajo los edredones. Apenas asoman sus rostros despeinados tras una larga noche de lujuria. Pero la escena ahora es otra. Suena el despertador y hay que levantarse. La cámara les enfoca y se incorporan. ¿Serán capaces de mostrarse tal y como hace unos instantes, con la misma vehemencia y sin rubor. O tal vez quieran ocultarnos que, a pesar de todo el desparrame de sexo y placer, es mejor esconder las intimidades?
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